Automatismos interrumpidos

Febrero 1, 2010 por Juan José Colomer Grau

La costumbre dice que te vas a levantar a las seis treinta de la mañana, encenderás un cigarro, puede que te rasques los huevos y con la última expulsión del humo te levantes y vayas a la ducha. No dice en cambio que los labios secos retendrán el cigarro, provocando que el índice y el pulgar se deslicen por su superficie hasta quemarse con la brasa, con cuyo consecuente espasmo golpearas el cenicero de la mesita, el cual se partirá en múltiples pedazos que te cortarán la planta del pie cuando te levantes. La costumbre dice que entre las ocho y ocho treinta saldrás de casa, puede que te cruces con un vecino y te sonría, te dirijas al kiosko a comprar el periódico y te sonrían, después a la panadería a comprar una barra y te sonrían,  y finalmente al bar habitual a leer las noticias mientras tomas una tostada de jamón, tomate y aceite de oliva más café con leche y te sonrían. No dice en cambio que la imagen que tienes de ti mismo se verá comprometida cuando obtengas un tres sobre una escala de diez en el test de simpatía de la página doce y empieces a dudar de las sonrisas. La costumbre dice que a las diez entrarás en tu cuadricula laboral, en donde te espera un teléfono, una pantalla, un micrófono y llamadas entrantes provenientes de posibles Enriquetas Garcías Toledanos y sus quejas malhumoradas de que se ha facturado más de lo consumido o que quieren cambiar el plan ahorro por el plan superplus o que solicitan darse de baja en la compañía. No dice en cambio que a las dieciséis cero cero, tras atender la última llamada del día, el supervisor te convocará a su despacho para llamarte al orden, pues habrán detectado que tu porcentaje de autorización de bajas ha aumentado en un dieciocho por ciento en el último mes, lo cual hará que duden de tu capacidad de persuasión y de tu profesionalidad. La costumbre dice que entre las dieciocho cincuenta y siete y las diecisiete catorce entrarás en casa e irás directo al excusado, te bajarás los pantalones y sentado en la taza defecarás mientras te fumas un cigarro. No dice en cambio que una vez termines tomes conciencia de la ausencia de papel higiénico y entre lamentos y cagadas en tu mala memoria improvises una solución con una toalla de mano. La costumbre dice que a las diecisiete cuarenta y cinco vas a freír patatas acompañadas por la última carne de oferta, y después lo deglutas sentado en el sofá, frente al nuevo y enigmático crimen que el detective John O´Law y su equipo de superdotados van a desentrañar. No dice en cambio que a las veinte treinta y tres, la emisión se interrumpirá bajo un gran rotulo en rojo y blanco, BREAKING NEWS,  que precederá al rostro serio, formal y con un pequeño matiz épico del presidente informando que a primera hora de la tarde se han desencadenado las hostilidades y que tras reunión urgente del consejo de estado, se ha decidido declarar el estado de excepción y la movilización general, encomendándose a Dios y al sacrificio del sagrado pueblo.

Resolución de la batalla

Enero 28, 2010 por Juan José Colomer Grau

Escucha voces al otro lado de la pared. Los niños juegan. Ahora, acostado en el sofá, mira al techo, en donde hay un dibujo de un gran dragón rojo que ataca a un seguro godzilla fosforescente que lo supera en tamaño. No obstante, no se puede aventurar quién será el ganador de la batalla. Escucha ruidos en la cocina. La mujer guarda la compra. Decide levantarse y bichear que novedades trae en la bolsa. Y mientras rompe un trozo de pan que se lleva a la boca, pregunta por la cerveza. Cuando después de una bandeja de carne de cerdo y dos latas de guisantes verdes aparece el primer litro la besa en el cuello y se retira. El único inconveniente de una cerveza llegada de un supermercado con híper-descuentos es que aún está caliente, y después de ordenar con un grito que guarde el otro litro en el congelador, lo comprueba por enésima vez tras el primer trago. Tras medio litro consumido coge una baraja y escoge una carta al azar. Es un contundente uno de bastos. Piensa que esta vez el godzilla lo tiene difícil para ganar y así lo confirma cuando la siguiente carta es un miserable dos de oros. Anota en la libreta el resultado de la contienda del día y realiza un recuento. El dragón rojo solo ha superado al godzilla en tres ocasiones de treinta y una veces. El mes se ha cumplido, piensa.

Bajar, subir

Enero 27, 2010 por Juan José Colomer Grau

“pienso, luego existo”

Descartes.

Tras atravesar raudo el largo pasillo con gran carga olfativa de la sección de perfumería, coloca sus pies en uno de los dentellados peldaños de la escalera mecánica y justo cuando está a medio camino, alguien le llama desde abajo. Realiza gestos que indican que una vez arriba dará la vuelta y cogerá la escalera que lleva dirección contraria. Sus planes se desmoronan al comprobar que las escaleras mecánicas solo suben, planta tras planta. Tras dar varias vueltas rodeado de almohadas, sábanas, edredones, colchones, bajeras y cortinas, movido por la certeza de que debe haber algún modo de bajar, un tanto desesperado, se decide a preguntar a una dependienta con el gorro ultra-violeta cómo puede hacerlo. La chica le dice señalando un pasillo lleno de radio despertadores que al fondo a la izquierda hay un ascensor y señalando el pasillo contrario formado por mesitas de noche que al fondo a la derecha está la puerta que da acceso a las escalera de servicio. Se decide por el ascensor, pero da media vuelta cuando comprueba que frente a su puerta espera una aglomeración de cuerpos, cargados todos con bolsas que surten al grupo de colores diversos. Al entrar en el descansillo de la escalera de servicio siente cierta inquietud, pues se encuentra con que la luz ha disminuido significativamente, emborronando un tanto las cosas, y con la irrupción de un silencio que evoca el ambiente seguro del murmullo de las compras. Calcula que solo tiene que descender hasta el próximo descansillo. Pero el descenso se alarga más de lo esperado, haciendo que sus cálculos duden con que en la próxima puerta alcanzará el piso donde se encuentra la sección de perfumería. Además, sin apenas percibirlo, con cada peldaño consumido la luz se ha ido apagando, hasta que finalmente se ha visto obligado a arrastrar la mano por la pared mientras el pie derecho realiza tientos antes de apoyarse definitivamente en el próximo peldaño. Se detiene e intenta escuchar, pero solo se escucha respirar a sí mismo. Especula con la posibilidad de volver sobre sus pasos. Pero calcula que es casi seguro que los aparcamientos marquen el punto final de la escalera y que no deben de andar muy lejos, con lo cual, una vez allí, le será más fácil llegar a su destino, ahorrándose del mayor cansancio producido por la acción de subir. Cree que sus cálculos se confirman cuando en uno de sus tientos, el pie derecho comunica que se ha alcanzado una superficie lisa que bien puede corresponder con la de un descansillo, deduciéndose con ello que allí debe de haber una puerta. Sin perder del todo la precaución, la mano empieza a palpar la pared en un afán por encontrar un punto de ruptura que lo remita a un pomo. Pero la decepción le embarga cuando llega al final del descansillo sin que la pared haya arrojado ninguna puerta, ofreciendo en cambio la posibilidad de seguir bajando. Tiene la sensación de que bajar es como un viaje a ninguna parte y decide volver sobre sus pasos. Al cabo de un rato los abductores empiezan a mostrar síntomas de fatiga. Sus cálculos le dicen que la puerta por donde ha entrado no debería de estar tan lejos, teniendo en cuenta el largo tiempo transcurrido, lo cual le intranquiliza. Se detiene para respirar un poco y descansar sin dejar de tocar la pared. Se dice con convicción de que no hay escaleras infinitas, mientras se sonríe y vuelve a subir, atravesado por una sensación de optimismo provocada por esta certeza. Se auto-celebra cuando el tiento del pie identifica otro descansillo. La ansiedad por salir de allí provoca que busque la puerta con prisas sin obtener resultado. Se desespera. Respira profundo y se dice que busque la puerta con calma, palpando cada centímetro, que las prisas no son buenas consejeras y menos en la oscuridad. Con ello confirma que la pared del descansillo esta estucada y que su regularidad no queda amenazada por ninguna puerta. Se deja caer en el suelo. Se lleva las manos a la cabeza. Intenta pensar, intenta decirse que es seguro que ha pasado por descansillos de los que no se ha dado cuenta y recapitula si en algún momento del ascenso su pie ha podido dudar de si se encontraba ante un peldaño o una superficie lisa más extensa. Se desespera. La memoria no falla. Se angustia. Ya no sabe cómo salir de ahí y lo que es peor, ha pasado tanto tiempo, que sus cálculos arrojan la seguridad de que afuera ya nadie le espera. Grita con la esperanza y el miedo que componen un grito de socorro, pero su voz rebota por las paredes, devenida en eco, en mera repetición de sí mismo.

Este relato es consecuencia del juego/reto planteado por los compañer@s de los blogs silva camanche y micromios entorno a las escaleras.  Otras caras de la escalera pueden leerse en: no entiendo nada, cuento chino, anne fatosme e historias ciertas y no tanto, todas excelentes. Recuerdo también que el escritor Julio Cortázar escribió unas curiosas “Instrucciones para subir escaleras”, que pueden encontrarse en Google o en el libro “Historias de Cronopios y de famas”.

Maximización de la productividad

Enero 20, 2010 por Juan José Colomer Grau

Después del atasco habitual, que siempre le obliga a levantarse dos horas antes para llegar a tiempo al trabajo, ficha junto a las miradas dormidas de los compañeros. En los vestuarios comenta con uno los resultados futbolísticos del fin de semana, lanzándose mutuos puyazos y chanzas debido a su adherencia a colores rivales. A otro le pregunta por su mujer y la salud de la madre, la cual ha sido recientemente sometida a una operación de extirpación de bazo. Mientras camina hacia el almacén hace broma con una de las secretarias, la cual, acostumbrada a que se la coman con los ojos, realiza gestos de desdén aunque ofreciendo un tímido estiramiento de labios, que bien puede interpretarse como una sonrisa consecuencia de los halagos. Antes de entrar en el almacén, y según el protocolo, colocarse la mascarilla anti-vapores orgánicos, entrechoca las manos con un compañero que se cruza silbando. Una vez dentro le espera un ordenado cúmulo de cadáveres, procedente de los campos. En el albarán de entrega pone que son doscientos treinta y ocho. Los cuenta. Las cifras coinciden, de modo que trabajosamente pero con persistencia los va distribuyendo en palés, de diez en diez, para un posterior traslado a la fosa. Gracias a la nueva adquisición de la empresa del último modelo en carretillas elevadoras, el APILATOR 3000, ahora puede apilar los palés de cuatro en cuatro, sin comprometer el equilibrio, y no de dos en dos, además de permitirle volcar los cadáveres directamente en el agujero, con lo cual ya no tiene que hacerlo uno a uno, como cuando trabajaba con una simple transpaleta manual. No obstante, esto le produce cierta pena, ya que le han arrebatado el secreto placer de escuchar el sonido seco y compacto de cada cuerpo cayendo sobre los otros cuerpos, del llenado lento y progresivo, casi artesanal, del hueco. Ahora todo ocurre con estrépito, con un efecto de amontonamiento coronado por el mecánico ruido del motor eléctrico.

La senda del elegido

Enero 16, 2010 por Juan José Colomer Grau

“lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”

Plauto

Se decepciona al comprobar que la hamburguesa entregada, si bien coincide en los jugosos colores de la brasa, no coincide con el grandioso tamaño de la foto, la cual prometía más de diez bocados para acabarla y ésta en cambio no llega ni a los cinco. Una sensación de insatisfacción le empuja hasta el mostrador a pedir otra, bajo la sonrisa forzada y de agradecimiento de una post-adolescente con un gorrito malva brillante. Cuando lo termina el estómago no lanza nuevos reclamos de llenado y escucha como por megafonía informan que el equipo del nuevo programa del canal 77, KONMOTION, está en el centro buscando los primeros concursantes. Impelido por la curiosidad decide acercarse. Recuerda perfectamente el tráiler del programa, en el que afirmaban, mediante imágenes que mostraban retazos de una vida de millonario entre ríos de champagne, jovencitas ligeras de ropa dentro de una espaciosa limousine o una solitaria playa tropical de arenas blancas vista desde una extensa terraza, que el paraíso tenía un precio y que ese precio era el dolor. Terminaba con un inquietante grito. Se lamenta al comprobar que son muchos los que han pensado como él y que ahora rodean una gran carpa oscura, en los aparcamientos del centro, y cuya entrada está custodiada por dos enormes cuerpos musculados de cabezas rapadas, de más de cien kilos de peso y silenciosos, ya que no responden a ninguno de los que se atreven a interpelarlos. En los rostros de la multitud se observa el brillo ocular que desvela un estado de excitación que en algunos casos es acompañado por declaraciones de que nunca se ha estado en la tele o que una vez se estuvo produciendo aplausos o que la suerte es siempre para los otros ya que no es el primer casting en el que se participa. La primera fase en la selección de los concursantes consiste en ser señalado por uno de los guardianes, de manera arbitraria, lo cual significa acceso al interior de la carpa. En varias ocasiones, y debido a la densidad de ocupantes, la indefinición del índice ha provocado discusiones entre cuerpos que se han sentido aludidos. Nadie quiere renunciar a la posibilidad de salir en la tele, aunque basan toda prueba de ser los elegidos en el ha sido a mí. Como los guardias no ayudan a dirimir estas cuestiones en pocos segundos las disputas proliferan y empiezan los empujones. Pero antes de que la pelea se generalice suena por unos altavoces un grito de profundo terror. Los nervios se han extendido tanto, que basta que un cuerpo eche a correr, alarmado por aquel bramido, para que la desbandada se generalice. Las carreras toman varias direcciones, produciendo choques, caídas y confusión, hasta el momento en que los aparcamientos casi se vacían. Solo unos pocos quedan allí. Él está entre ellos. Durante la breve estampida se ha quedado quieto, esquivando cuerpos y sin perder de vista la entrada a la carpa, en donde los dos guardias observaban a la multitud despavorida con rigor e indiferencia. Antes de que alguno de los que quedan pueda marcharse tranquilamente, ya sin peligro de caer y ser pisoteado, las puertas se abren invitándoles a entrar. El interior de la carpa es un gran ruedo de arena, cuyo techo simula un cielo nocturno, aunque iluminado por grandes focos de luz blanca que parece que los sitúa en un pálido mediodía, y en cuyo centro se asienta una mesa ocupada por tres cuerpos con trajes negros, que miran a los candidatos con severidad mezclada de curiosidad. Informan a los veintitrés elegidos que es estrictamente necesario, mediante la fórmula “Yo, acepto”, uno a uno, que declaren que se encuentran por voluntad propia, que son dueños de su razón y que no dudarán en hacer lo que se les pida. Cuando llega su turno acata con voz firme, atravesado por una sensación de fortuna y de que está haciendo algo trascendente. Una vez terminada la retahíla de yoes aceptantes, en la que tan solo dos cuerpos han decidido abandonar, se les informa que queda prohibido hablar entre ellos. A continuación desciende una pantalla y las luces bajan su intensidad, hasta casi quedarse a oscuras. Entonces afirman, mediante imágenes que muestran a un Cesar sobre el que caen hojas de laurel, cubierto de una bruma de aclamaciones y gloria, un eufórico desfile de triunfantes soldados que acaba con un emotivo beso entre dos desconocidos y la escultura que apela, con la mirada grave del salvador del mundo, al más allá de la historia y del momento; que todo héroe se forja en los entresijos de la sangre. Aparece ahora la imagen de un guerrero sobre un altar de mármol dispuesto a decapitar un cuerpo que se retuerce bajo su bota. La imagen posterior del guerrero sosteniendo la cabeza de un barbudo desfigurado, por cuyo cuello cercenado cae un reguero de sangre que se desliza sobre el altar, se corta con un impresionante grito de crueldad y con la vuelta de las luces blancas. Mientras la pantalla se repliega les informan que deben interpretar lo visto y actuar en consecuencia. Gestos de confusión se apoderan de los rostros de los veintitrés, de los cuales dos son expulsados de inmediato después de que hayan hablado breves segundos entre sí. Muchas son la interpretaciones que circulan por los cerebros, lo cuales reproducen las imágenes que acaban de ver, ora incidiendo en una hoja de laurel, ora en la posibilidad de mandar una nación, ora en los ojos cerrados de la cabeza desgajada, ora en el altar manchado de sangre, ora en la rubia entre sus brazos, ora en la inmortalidad que otorga la historia a unos pocos, ora en la ausencia de empatía en el grito final. Pero hay una que se impone cuando uno de los veintitrés saca a relucir una navaja y atrapa por la espalda al compañero que tiene más cerca, posando la punta en la garganta, y lentamente, para cubrir su espalda, alejándose del grupo, sin perderlo de vista. Todos se han quedado paralizados observando aquella acción y después han dirigido sus atónitas miradas a los cuerpos de los trajes negros, en busca de un veredicto que dictamine si aquello entra dentro de las reglas del juego. Llega un momento en que el silencio se excede tanto en el tiempo que el dueño de la navaja considera que otorga y sin miramientos la hunde en la yugular de su rehén. El cuerpo cae al suelo y gorjea hasta la muerte. Y aprovechando que todos miran la arena manchada de sangre, el cuerpo de la navaja corre hacia su próxima víctima, a la que desploma con una certera acometida en la sien. Dos muertos son suficientes para que casi todos huyan despavoridos. Ahora solo quedan tres, que se miran desde la distancia, estudiándose, reconociendo que el poseedor del arma tiene ventaja. Con una mirada directa a los ojos hace comprender al otro cuerpo desarmado que un ataque conjunto neutraliza el poder que otorga la navaja. Con alaridos de acometida devenidos al unísono, sorprenden al cuerpo armado, el cual, antes de perecer estrangulado y entre constantes patadas a la cabeza, solo ha tenido tiempo de un movimiento desesperado que ha podido rozar una mejilla, cortándola levemente. El filo ensangrentado, una vez desprendido de la mano, descansando sobre la arena, provoca la ruptura del pacto. Los dos cuerpos restantes se enzarzan entonces en un forcejeo agotador entre jadeos, golpes y mordiscos. La similitud física de ambos cuerpos hace que sea una lucha igualada, incierta, cuya resolución demanda una apelación al azar, al movimiento involuntario, no calculado, que toma forma de codazo desesperado accionado por un bocado en la oreja, impactando con potencia ciega sobre el tabique nasal, fragmentándolo. Libre agarra la navaja, dispuesto a hundirla en el corazón del adversario conmocionado, el cual se lleva las manos a la cara, intentando vanamente detener la hemorragia, y gritando, ensartado de dolor, que abandona. Sin la obligación de matar se arrodilla y respira profundo, agotado, pero lleno del poder y la voluptuosidad del superviviente. Después mira a los cuerpos de los trajes negros, desafiante, seguro, dispuesto a comerse lo que le pongan. Pero esa mirada se coarta cuando las luces van menguando su intensidad al son del despliegue automático de la pantalla. En ella afirman, mediante la imagen de un hombre de barba y pelo cano que observa, desde un épico acantilado, la inmensidad del océano, en actitud de mandar sobre el paisaje y bajo una atmosfera borrascosa que deja pasar haces de rayos solares, que todo Elegido es un renacido. La imagen se corta con el sonido de una respiración afiebrada. Mientras la pantalla se repliega y vuelven las luces blancas le informan que debe acercarse a la mesa, en donde espera un vaso lleno de un líquido incoloro que debe tomar. No duda e ingiere todo el contenido sin pausa, hasta la última gota, dejando después el vaso sobre la mesa con un contundente golpe seco. Segundos después el cuerpo implosiona en calambres, contorsiones, muecas, temblores musculares, hasta quedar tendido en el suelo, completamente paralizado y los ojos extremadamente abiertos, mientras el cerebro lucha contra el veneno haciéndole creer desesperadamente que mastica la fotografía de una inmensa y grasienta hamburguesa a la brasa, entre aplausos, vítores y silbidos de reconocimiento.

Noticias del fin del mundo

Enero 7, 2010 por Juan José Colomer Grau

“…procura extinguirte con clase y dignidad…”

Siniestro Total.

En una esquina un loco con ojos afiebrados lanza proclamas del apocalipsis al tiempo que pide unas monedas. Solo se salvarán los arrepentidos, mientras que los demás perecerán bajo las fauces de un dragón de mil cabezas sino han perecido antes en los trescientos sesenta y seis terremotos que asolarán los cinco continentes. En una emisora de radio el politólogo Luis Fresnadosa analiza la escalada de tensión en Oriente y las primeras medidas de urgencia tomadas por el gobierno. Defiende con frialdad que el pulso diplomático ha de verse reforzado por una postura de amenaza militar; palabras y tanques para demostrar al mundo que no somos una nación débil. En un documental físicos y astrónomos analizan la trayectoria del cometa JOSELE, cuya desviación anual de mil kilómetros hará que para dentro de dos mil años impacte con la tierra provocando grandes tsunamis que anegarán el treinta por ciento de la superficie terrestre. En un canal de noticias se augura que la toma de las colinas por parte de grupos terroristas aumentará de sobremanera el peligro de atentados indiscriminados contra población civil e inocente y aconsejan que ante cualquier indicio de sospecha no duden en acudir a la policía. En un programa de misterio el periodista James Figueroa habla del desconocido vidente del siglo XIII Karl Kovich, el cual profetizó que para el próximo año nacerá un niño con dos corazones. Cuando el primer corazón se detenga se desatarán grandes tormentas eléctricas. Cuando el segundo corazón lo haga y el niño muera, del fondo de la tierra emergerán grandes ríos de lava que instaurarán el reino de Belcebú, Ecrón, durante seiscientos sesenta y seis años. Publicidad. Una joven en ropa interior se mira al espejo con una enorme sonrisa mientras se pone unos pendientes, por detrás llega un joven con ancho mentón y le hace cosquillas con una leve pluma, lo cual desata un inocente juego que acaba junto a un rollo de papel higiénico rosa, SWEET, LA VIDA SUAVE. Fin de la publicidad. En un reportaje fotográfico se muestran desolados y esqueléticos cuerpos de sub-saharianos inscritos sobre el fondo anaranjado de un desierto abrasador, calculando que en los próximos cincuenta años las hambrunas se extenderán de la mano de terribles sequías amenazando incluso a los países desarrollados. En una celda oscura el místico Johann de Vindicus interpreta sonidos e imágenes como una cristalina orden divina de sacrificar a toda mujer con exageradas arrugas en el rostro y con menos de cincuenta quilos de peso, para así ayudar a Yahvé a preparar las huestes que vendrán a juzgar a vivos y muertos con sus miradas de oro y luz. En una revista científica muestran la imagen sonrosada del nuevo virus AH2V6, bautizado también como virus del silencio, en tanto que no hay forma de diagnosticar el contagio y tan solo deja margen para observar como ataca sin previo aviso las células de las paredes arteriales, provocando en pocos minutos la muerte del huésped entre hemorragias incontenibles. En tres gráficos se muestra la creciente mancha roja de la evolución del contagio sobre el mapa del mundo a los diez, veinte y treinta años del primer caso. En una entrevista al ufólogo James Martin, éste declara que tras su última visita telepática al planeta Grauen ha constatado que los graueianos ultiman los preparativos para la invasión de la Tierra y la posterior liberación de la humanidad del yugo de la carne, convirtiéndonos en seres etéreos dotados de una inteligencia casi divina. Lanza proclamas a la no resistencia y afirma que espera ansioso el día de la liberación, bautizado por los graueianos como AURORA. En unas noticias de última hora se muestran imágenes de tumultos y violentas cargas policiales plagadas de humos lacrimógenos y coches y escaparates ardiendo, mientras confirman que arrecia la revuelta de las ciudades del sur y la huida del gobernador. El Estado ha ordenado la movilización del ejército así como lanzado proclamas a la unidad nacional y a la reconciliación, declarando el toque de queda las veinticuatro horas del día y el estado de excepción. Publicidad. Aparece un niño corriendo y se escucha el frenazo de un coche: Fundido en negro. Se escuchan melódicas campanillas que nos acercan a la carrera del esqueleto de un perro que avanza veloz por una calle residencial y ajardinada en una noche de luna llena, hasta que desemboca en el jolgorio de una feria en donde familias de zombis comen algodón dulce y pasean felices por entre norias y tiovivos. Una voz en off con aire infantil nos dice que la muerte también puede ser divertida en la nueva película: MAMA, ¿POR QUÉ ESTAMOS MUERTOS? Fin de la publicidad.

http://www.youtube.com/watch?v=slvLxUTNWPM

http://www.youtube.com/watch?v=DBE3yueCr7M&feature=related

Anécdota

Enero 4, 2010 por Juan José Colomer Grau

“por qué pasar…  de la nada viva a la nada muerta…”

La muerte de Artemio Cruz. Carlos Fuentes.

Una estación secundaria, solitaria. Elementos que la envuelven es un día encapotado que filtra los colores por el tamiz del gris, es el ruido brumoso de aviones lejanos, es la irrupción de un tren que pasa de largo y cuya velocidad rompe con la medida de lo humano. La posibilidad más obvia que tiene una estación de tren es que allí se detenga uno y realice un trasvase de pasajeros. En este caso a las diecisiete cuarenta y cinco, lo cual hace que diez minutos antes empiecen a llegar algunos cuerpos, creándose un murmullo de pies, alientos y prisas. La máquina es puntual y a las diecisiete cuarenta y ocho se aleja, arrojando como resultado, tras las idas y venidas, la permanencia de un solo cuerpo, algo encorvado, con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta, la garganta encogida y mirando al suelo, pensando, recordando. Se ha decidido a hacerlo, ya sin dudas, para lo cual espera, aguzando los sentidos, a que los semáforos se pongan en rojo y desaten los toques de advertencia de que se acerca un tren que no va a detenerse. Salta en el momento justo, deseando que nadie le vea, aunque provocando en el maquinista la percepción de un golpe atípico en el morro de la locomotora, al que no da mayor importancia, pues no significa retraso con respecto a la hora estimada de llegada.

La materialización

Diciembre 30, 2009 por Juan José Colomer Grau

“El Ser perfecto, en virtud de su perfección misma, debe crear el mejor de los mundos posibles”

Leibniz

El anuncio resalta a varias jovencitas en bañador rojo dando saltos en una playa tropical. FRESH. Refresco de naranja que ahora paladea, sentado en una terraza de verano, observando el deambular de los bañistas en una playa superpoblada, con sombrillas y toallas, bañadores, bikinis, pareos, músculos y grasas, sin lugares de sombras y enfocada por un Sol rabioso que promete carnes rojas y quemadas. Tiene que soportar las miradas de espera de una familia de cuatro miembros más perro inquieto, ya que tienen asignada esa misma mesa. Pero él se toma su tiempo para acabar el refresco, admirado por el bullicio mezclado con brisa y un horizonte de petroleros lejanos, que van dejando manchas dispersas sobre las olas, como en una invasión silenciosa. El anuncio resalta un culito estrecho y juvenil tapado por un mínimo short rosa que sugiere, junto al principio explicito de las nalgas, una carne turgente que se puede cubrir con las manos. BABYLON. La pista de baile está poblada de hombres con miradas de ansiosa búsqueda, que bailan al son de un ritmo repetitivo y unas luces multicolores y frenéticas. Las pocas chicas que hay son camareras con mirada cansada y ocasionales grupitos de amigas que no tardan en marcharse al sentir sus cuerpos acosados, lo cual hace que las manos estén ocupadas en sostener el vaso de whisky con hielo y cada poco tiempo trasladarlo a la boca para dedicarse un trago, mientras escucha presumir a un cuerpo hinchado de anabolizantes como se lo hizo una vez con tres tías. El anuncio resalta a un grupo de amigos con los brazos extendidos como síntoma de fiesta y jolgorio en una noche iluminada por neones. LIVE IT. El whisky desemboca en el interior de la taza del váter entre hedores y un mareo insostenible, que le ha obligado a arrodillarse, a abrazar la parte superior de la taza para acabar apoyando la cabeza sobre ella. La cerámica blanca y barata de la pared da vueltas a una velocidad infernal, lo cual provoca accesos de risa que luchan contra una creciente somnolencia y diseminan pequeñas gotitas de bilis. Se dice a sí mismo con alcohólica convicción que es el mejor, que nunca más se va a dejar pisar, que le importa un carajo lo que piensen los demás, que mañana las cosas cambiarán.

Tres pequeñas estampas para navidad

Diciembre 23, 2009 por Juan José Colomer Grau

Limpiar los servicios cuando la gente va ciega me ha permitido darme cuenta que vivo en un mundo que se pone tapones en las orejas cuando va a la discoteca.

La fantasía del consumidor chocó frontalmente con la dura realidad de los números rojos.

Cuando uno dice que hace lo que quiere suele omitir el hecho de que lo que uno quiere es un querer de muchos.

Que na, que lo paséis bien estos días…

…y  todos los demás…

Punto

Diciembre 15, 2009 por Juan José Colomer Grau

Siéntese y observe. La pantalla forma el fondo celeste sobre el que se inscriben multitud de puntos rojos que recorren a distintas velocidades el área. Cuéntelos y verifique que su cifra coincide con la cifra que marca la esquina superior izquierda de la pantalla. Está obligado a contar cada hora en punto. En caso de que no haya coincidencia en las cifras debe realizar un recuento y asumir el error. La máquina nunca se equivoca. El error se apunta y se debe reflexionar sobre su causa. La empresa solo puede permitirse un máximo de cinco errores. Fíjese ahora, ¿no advierte nada extraño? Fíjese en ese punto de ahí, sígalo. ¿No advierte que ha perdido color? ¿No le parece que está adquiriendo otras tonalidades? No lo perdamos de vista, pues es inevitable el momento en que se convierta en un reluciente punto verde. Cuando esto ocurra deberá coger el teléfono y marcar el cero. Al otro lado verificarán que se trata de un punto verde, una vez lo cual está autorizado a apretar el botón de eliminación. Fíjese, veo que no lo ha perdido de vista, ¡bien!, creo que ha llegado el momento de que aplique el protocolo con este punto. Fíjese bien en la calidad del verde, en el tono justo, ni un grado más ni un grado menos, ya que de lo contrario le denegarán la eliminación, lo cual deberá asumir como un error y deberá reflexionar sobre ello. En este caso hemos acertado. Debe comprobar entonces como el punto verde se dirige a la esquina inferior derecha de la pantalla y desaparece entre parpadeos. Debo recordarle que debe ser con el tono justo de verde. La empresa solo puede permitirse un máximo de cinco errores. Si llega a esta cifra su desafortunada lucecita roja estará completamente contaminada y nadie quiere llegar a ese punto, ¿verdad?

(D)escritura automática del cuerpo

Diciembre 15, 2009 por Juan José Colomer Grau

“El desierto crece”.

Nietzsche.

 

Escrita sobre la pantalla blanca esta la palabra que remite a Juan Rodríguez Azpilicueta o a Domingo Álvarez Caicedo o a Julia Montañés O´Williamson. Escrita sobre la pantalla blanca está la palabra que remite a las partes del cuerpo. Cabeza, tronco, brazo, brazos, hígado, estómago, esófago, branquias, sangre, callo, bilis, pus, pelo, incisivo, pubis, axila, lengua, sudor, aliento. Escritos sobre la pantalla blanca están los movimientos que remiten a combinaciones de luces y sombras que se multiplican en rubios o morenos o anchos o delgados o grises o patilargos o paticortos o rosas o turquesas o pálidos o enfebrecidos o hambrientos o saciados. Escritas sobre la pantalla blanca están las palabras que remiten a la población. Gato, perro, perra, cucaracha, vanidoso, folclórico, mecánico, limpiador, yoísta, desprendido, ama, mama, papa, ratón, héroe, delincuente, tabernero, subversivo, ortodoxa, palmero, enferma.

Escrita sobre la pantalla blanca está la palabra que remite a Jesús o Mohammed o Siddhartha o Zaratrusta o Arthur C. McFarlan. Escrita sobre la pantalla blanca está la palabra que remite a la necesidad de los cuerpos. Agua, pan, amor, petróleo, kalashnikov, oasis, revolución, electricidad, café, odio, admiración, poder, erección, subsidios, celos, lluvia, calor, indemnizaciones, caricias, ducha. Escritos sobre la pantalla blanca están los efectos de luces y sombras que se ramifican en lucha de clases o crisis de los cuarenta o migraciones hambrientas o el amor de mi vida o la seguridad de la patria o adicción a la heroína o el complejo de Edipo. Escritas sobre la pantalla blanca están las palabras que remiten a la agrupación de los cuerpos. Desplazados, zoológico, hambruna, enemigos, selva, cuarentena, amigos, templo, tumulto, rock, linchamiento, agotados, sacrificio, bosque, fosa, nación, estado, resentimiento, prisión, cementerio.

La negación de la vida

Diciembre 11, 2009 por Juan José Colomer Grau

La negación de la vida no le vino por la muerte de un ser querido, tampoco por la del Hombre y menos por la de Dios. Nunca dudó cuando visionó los cuerpos flotantes de las últimas inundaciones o las rabiosas costillas de un niño africano; ni cuando leyó que todo es decorado, de que todo es un ordenamiento artificial de las cosas y los sentimientos. Cuando se rompió una muñeca el dolor tan solo le pidió ser aplacado, lo cual tenía como única preocupación que no faltaran los ANTI-DOLORINES. Nada de sentirse frágil en un mundo hostil, nada de náusea, nada de angustia. La negación del la vida llegó de una manera clara, concisa y transparente, como en una iluminación, cuando tomó conciencia de que su número de la seguridad social era el ciento cuarenta y cinco mil seiscientos sesenta y seis y que formaba parte de los doscientos cincuenta y tres mil cuerpos que se habían reunido para pedir pan. DELETE.

El esqueleto de un árbol

Diciembre 8, 2009 por Juan José Colomer Grau

“Deseamos violentamente el acontecimiento, no importa qué acontecimiento mientras sea algo excepcional que rompa la tiranía del sentido y la coacción de las causas; y apasionadamente deseamos a la vez que no ocurra nada y que las cosas sigan estando en orden, aunque sea al precio de una desafección por la existencia”

Jean Baudrillard.

 

Ha leído en el periódico que se espera una intensa tormenta para las seis de la tarde. La amenazadora fotografía de un rayo nocturno señalando una casa precaria. También ha leído del atraco a un furgón blindado y se ha dejado seducir por el número de teléfono en el que prometían una experiencia exótica e inolvidable mediante la fotografía de una asiática sugerida con collares hawaianos. Cuando el saldo se ha agotado ha decidido salir a la calle sin más intención que la de dar una vuelta y quizás dejarse ver un poco por el árbol, a ver qué pasa. Luce un Sol rabioso. Mientras toma un café en la barra de CA JULIÁN se plantea acudir o no al estreno de LOS DÍAS INSOSPECHADOS. Finalmente desiste. La fotografía del rostro juvenil e incitante de LENA LASH ataviado con un velo de monja no le acaba de cautivar e intenta captar la conversación entrecortada de dos clientes a los que les da la espalda. Lo tenemos… Se lo he dicho mil veces… Cada cuatro años hay que volver a negociar… Después posa su vista en el televisor en donde se dan imágenes de tumultos y cargas policiales. Mira el reloj. Cree que es buena hora para acercarse al árbol, sin prisas. Afuera se encuentra entre la luz del Sol y la de las acechantes nubes negras. A medida que camina el Sol va siendo devorado. Cuando llega el cielo y la tierra están copados por un oscuro manto gris. Suenan los primeros truenos. En el árbol no hay nadie. Mira de un lado para otro, con el cuerpo erecto y a la defensiva. Caen las primeras gotas. Las ramas del árbol le protegen de ellas. Después el ruido de la lluvia monopoliza todos los ruidos. Cuando finalmente se siente seguro de que está totalmente solo y que nadie va a acercarse, se arrodilla y extiende los brazos. Cierra los ojos. Gotas que se cuelan por las ramas caen sobre él. La lluvia ha aumentado su furia y no tarda en quedar empapado. No ve como un rayo ilumina por unos segundos con su tonalidad blanquecina. Espera el momento. Sabe que va a llegar cuando percibe que los pelos del cuerpo están erizados.

Ha leído en el periódico que el balance oficial de la tormenta es de dos muertos, cuatro desaparecidos, mil quinientos desplazados y daños materiales por un valor estimado de doscientos cuarenta y tres millones. La fotografía del esqueleto de un árbol como símbolo de la catástrofe.

Guapo

Diciembre 2, 2009 por Juan José Colomer Grau

Solo sabe hablar de sí mismo. Solo quieren saber de él mismo. Un color: el azul. Una canción: BLACK WALKING IN THE NIGHT. Una película: TRAS LAS NEVADAS MONTAÑAS. Un libro: EL AIRE DEL VERANO. El amor de tu vida: mi madre. Una de las expresiones que más repite a lo largo del día es “me gusta”: Volar, viajar, reír, whisky con hielo, el tecno, GIORGIO D´ARCANGELO, ABBU-DABI, los besos a la luz de la luna, el sexo salvaje, el SAN FILANTROPICO reserva del 83, tinto por supuesto, las largas noches con los amigos, vestir bien, ser fotografiado. De una mujer espera que sea cariñosa, buena conversadora, espontánea, que le gusten los platos delicados, atractiva, joven, que huela a jazmín y que quede bien en las fotos. Es compatible con las Capricornio y las Géminis y espera tener algún día tres hijos. En los días de mal humor su expresión favorita es “no me gusta”: La ropa sucia, los que huelen mal, darse un golpe, la mayonesa, CATALINA HINOJOSA, LAST YORK, los aduladores gratuitos, los momentos sin música, una fotografía borrosa, la muerte. Cree en un más allá vago y nebuloso que siempre le favorecerá cuando muera. Y siempre afirma que algo hay, ¿no?

Un solo movimiento

Diciembre 1, 2009 por Juan José Colomer Grau

“Eres tan puro en el bien como yo lo soy en el mal”

Calígula. Albert Camus

La garita es precaria. Solo cuenta con una botella de agua y el tiempo de una larga noche. Se dice que tranquilo, que estamos en paz. Tan solo tiene que recordar el santo y seña. ALBA Y OCASO. Si alguien no lo dice bien debe repetirse. El protocolo ordena que sin alerta debe disparar al cuarto intento fallido. Con alerta no hay segundas oportunidades. Se acerca un coche. ALBA Y OCASO, ACCESO PERMITIDO. Saluda con rectitud. Pese a la paz cada candidato a entrar supone un momento de tensión. Nunca se sabe. En las dos primeras semanas de entrenamiento continuamente habían recalcado que la vida del soldado estaba marcada por la incertidumbre y que por ello detrás de cada acontecimiento, y como primera valoración, debía sospechar una guerra. Se acerca una furgoneta negra. ALBA Y OCASO. De ella desciende un superior y le escruta, después le ordena que suba a la parte trasera, esgrimiendo una circular del general en la que le autoriza a abandonar su puesto de guardia. Se sienta enfrente de dos compañeros que custodian un cuerpo encapuchado y maniatado. No se atreve a preguntar qué ocurre. El ruido del motor, con sus acelerones y frenadas, concentra la atención de todos.  Finalmente se detiene. El superior abre la puerta y ordena que bajen. El reo es empujado hacia fuera y cae. Después lo ayudan a levantarse. Caminan unos veinte metros, hasta llegar a una fosa iluminada por la luna. El superior pregunta al reo por su último deseo y éste responde que quiere ver las caras de sus asesinos. Le quitan la capucha. El rostro amoratado del reo no implica súplica alguna. Más bien parece una aceptación desafiante del destino. No obstante, hay en sus ojos una inquebrantable voluntad de seguir viviendo. El reo intenta capturar las huidizas miradas sin éxito. El superior carga una pistola, se la entrega y pronuncia un cortante pero explícito “proceda”. La mano tiembla al cogerla. No se atreve a disparar, y para ganar tiempo finge que examina la pistola. El superior comprende la demora y afirma que se trata de algo necesario. La patria está en peligro. La paz es aparente. La seguridad de la patria se decide en las noches subterráneas. Ahora el “proceda” suena más perentorio. Posa la boca de la pistola en la nuca del reo. El índice acaricia el gatillo. Piensa que es más sencillo de lo que parece. Tan solo tiene que apretar. Un  solo movimiento mecánico, físico, seco, amoral y amparado por la voz de la autoridad. El reo respira ahora con mayor ansiedad. El superior recuerda que el soldado no tiene ningún derecho a poner en duda la voz de mando. El soldado actúa, acata, dispone. La seguridad de la patria no admite sensiblerías. El “proceda” suena ahora como una amenaza. Piensa que no le queda otra. O tú o él. Una lágrima desciende por su mejilla. Se dispara.

Interior

Noviembre 27, 2009 por Juan José Colomer Grau

El interior es una amalgama de roces, tocamientos, olores, hedores, humedades, respiraciones, conversaciones fragmentarias, trajes de poliéster y chaquetas de algodón. Los que están sentados en los asientos cercanos al pasillo reciben los tocamientos no intencionados de traseros y braguetas. Hay un chaval que piensa que ha tenido suerte y desea que los frenos se activen más a menudo. Hay una mujer que mira hacia la ventana, medio tapada por alguien que está sentado junto a ella, para no tener que enfrentarse a una cremallera desabrochada y la visión de unos calzoncillos con flores amarillas fosforescentes. Los que están sentados al lado de las ventanas huyen de la densidad observando el exterior como un lento travelling de carne, hormigón y metal. Por megafonía se anuncia que dentro de la campaña patrocinada por el Estado, EDUCA TU OÍDO, van a ofrecerse unos minutos musicales. Suena una serenata. Por megafonía se realiza una pregunta. El ambiente se llena de nombres que circulan por bocas, oídos y pensamientos. Bach, Mozart, Vivaldi, Sallieri, Bethoveen, Ennio Morricone, Sex Pistols, No me pises que llevo chanclas, Van Halen, Van Gogh, Maradona… Los trasvases que se producen en las paradas no provocan un alivio del espesor. Tan solo se cambia el tatuaje de un dragón rojo por una mejilla con purpurina, puntos negros por un unos labios morados y gruesos, uñas con roña por ennegrecedoras pupilas dilatas, emergentes pelos de rasuradas axilas por dientes amarillentos que marcan el retroceso de las encías. Hay quien busca una percepción de soledad y posa sus ojos en el anuncio de trabajo de la policía, en el de una academia de lenguas, en las páginas chillonas de un periódico gratuito, en el botón de una chaqueta, en el suelo, en un bocadillo de tortilla. Por megafonía se anuncia que las líneas 13, 45, 78, 27 y 84 han visto su tráfico interrumpido por causas ajenas a la compañía, pidiendo disculpas por las molestias. Varios cuerpos resoplan con exasperación. Esto no puede ser, siempre igual, algún día no voy a pagar el puto billete, al final me van a obligar a venir en coche, seguro que ha sido algún loco que se ha arrojado a las vías. Por megafonía se anuncia que la normalidad se reanudará en un tiempo estimado de treinta minutos, volviendo a pedir disculpas por las molestias. Algunos se apresuran a coger sus móviles. Algunos llegan tarde, algunos están en el filo y en la duda sobre si llegarán tarde o no, otros no tienen prisa. Balanceo de los cuerpos cuando la marcha se reanuda. Las carnes presionando otras carnes. Una mujer ha probado el sabor salado de una espalda sudada. Un hombre ha pisado a un niño que rompe a llorar rabiosamente mientras la madre intenta calmarlo con voz nerviosa y afrentada. Un adolescente piensa en los granos de su cara y en el involuntario hombro que los restriega. Un café solo doble se ha volcado sobre una camisa blanca. Un tímido eructo suena cerca de una oreja. Últimas disculpas cuando se detienen en la última parada, antes de la última batalla. Empujones, pisotones, esperas, cedidas de paso, más roces y pequeños golpes cuando las puertas se abren. El transporte público tan solo tarda en rellenarse unos veinte segundos y arranca con el vector de dirección contrario. Por megafonía se anuncia que dentro de la campaña patrocinada por el Estado, EDUCA TU OÍDO, van a ofrecerse unos minutos musicales. Suena un Allegro.

Frío

Noviembre 23, 2009 por Juan José Colomer Grau

Una voz fuerte. Unas voces débiles. Hermenegildo González Santiagosa. Presente. Antonio Buendía Jerlinchez. Presente. Manuel Cospedal Figueroa. Presente. Julius Amorós Mendanzo. Presente. Gabriel Mustaf Milonga. Presente. La lista es interminable. Juan Luís Pardeiz Okunko. Presente. Borja Seisdedos N´umbia. Presente. Gonzalo Almirante Foix. Presente. Enrique Hueso Schneider. Ausente. La voz fuerte pregunta: ¿Solo uno? Otra voz fuerte pero degradada asiente, quitándose culpa. La voz fuerte ordena más enfermedad y se aleja. Empieza a soplar un viento frío.

Noviembre 21, 2009 por Juan José Colomer Grau

narrar el vacío a través de la sobreabundancia de signos

no por defecto, sino por exceso

el texto ya no te necesita

Terra

Noviembre 20, 2009 por Juan José Colomer Grau

la terra fa mal desde lluny, quan no estas en ella, quan mires als altres i reconeixes que no tens les taretes i el cafe licor, els moros i cristians, el amics que han creixcut amb tu, aquells que son meus mes enllá de la vida, perque el juanmi i la raquel, el raul i el dimas, el fermin i el meu beni, eixe joan ignasi tan peculiar, jose que no m´oblide de tu, juanjo que hem repeteix el nom, judith de la que ningú s´entera, eixe Mauri amb mayuscules, al Jordi al que hi ha que perdonar, tots esteu ahí, en el meu pensamet, en la meua anima, en les meues paraules, fins sempre, fins que ens tornem a trovar darrere d´un pa amb all i oli, sempre vosaltres, els que de veritat hem coneixeu, la meua vida desde lluny, ahí al costat, perque sou el meu costat, el meu poble, el meu cor, VISCA LA XIRIMITA, som…

http://www.youtube.com/watch?v=omifObEjSHA&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=aqt1ktdztY4&feature=related

La modificación del arte

Noviembre 18, 2009 por Juan José Colomer Grau

Antoine Bursak prepara el stand en donde va a exponer parte de su obra. El producto estrella es una caja de madera arcaica de la que ha caído una astilla como metáfora del paso del tiempo. Se titula LA EROSIÓN y cuesta unos cinco mil euros. Se siente orgulloso mientras observa la caja desde lejos. Han sido muchas horas de trabajo y reflexión. El fragmento desprendido, la pérdida, los golpes, las cicatrices, el declinar del cuerpo, el pequeño detalle sin el cual el conjunto es de otro modo o queda cojo. Observa la astilla y decide qué posición debe ocupar. La flecha que indica el camino del sol, de oriente a occidente, amanecer y ocaso, luz y oscuridad. Todo está preparado. Los posibles compradores llegarán en apenas una hora y decide ir a tomar un café y un cigarrillo. Minutos después se va acercando con prisas el empleado de la limpieza. Todo debe estar perfecto. El jefe ha ordenado que los setecientos metros cuadrados de moqueta deben quedar sin una mota de polvo, sin una astilla, sin las hojas caídas de las suelas de los zapatos, sin las furtivas colillas. Aspira y aspira mientras se angustia porque no todo quedará limpio a tiempo. Teme la reprimenda.