Nacer

El nacimiento de Ana K. fue grabado por al menos tres cadenas de televisión. Su madre regresaba a casa cargada con tres bolsas llenas de verduras. Llegaba tarde. Su padre llegaría del trabajo sin que estuviese la comida hecha. Casi empezó a correr cuando rompió aguas justo al lado de un grupo de periodistas que estaban esperando la salida de un grupo de actores y actrices que acababan de estrenar película. Un pequeño periodista con micro en la mano fue de inmediato a socorrerla, aunque le pidió al cámara que tenía asignado que grabara todo. Intuía que había allí una noticia. Breaking News. Niña esta naciendo a las puertas del estreno Bienvenidos al Paraíso. Al menos tres reporteros de los allí reunidos trabajaban para programas que estaban emitiendo en directo y no dudaron en grabar. Su madre gritaba de dolor. Nadie pidió una ambulancia. Hubo transeúntes que se detuvieron a observar. Un cámara afortunado tuvo el privilegio de grabar la sangrienta cabecita asomando. De pronto un transeúnte se ofreció como médico. El primer periodista que olfateó la noticia dejó pasó al experto. La grabación de los actos del médico fue perfecta. Su retransmisión en directo sin interferencias. La cara de la pequeña asomando, aun sin respirar, atada al cuerpo de su madre, los ojos cerrados, sin reconocer aun que había irrumpido en el mundo. Un transeúnte ofreció un cútex que según decía acababa de comprar. El médico lo aceptó y separó a la pequeña, que rompió a llorar, inundando sus pulmones del abrasador aire de la ciudad. El milagro ha acontecido, dijo una presentadora, con ojos iluminados, a un público que parecía aplaudir desde la lejanía de las pantallas. Entonces a alguien se le ocurrió llamar a una ambulancia. El médico era ahora el centro de atención de las cámaras. Hablaba de actuar con rapidez, aseguraba que la niña iba a vivir y que esperaba que tuviera una vida feliz. En una de las cadenas de televisión mandaron llamar a una pitonisa para que hiciera una carta astrológica. La pitonisa antes de dar los resultados, habló del privilegio que suponía ser la primera bruja en contar con la hora exacta de un ser humano nacido. Esta sería la primera carta astrológica hecha con el día, el mes, el año, la hora, los minutos y el segundo exactos, con lo cual podía ofrecer un borrador de la vida de la pequeña. Ya había un técnico de imagen intentando determinar el segundo exacto, pues el día, el año, la hora y el minuto exacto ya lo sabían y prometían para el día siguiente en prime time la carta definitiva mientras Ana K. era llevada en la intimidad de la ambulancia al hospital. Su madre dormía, agotada.

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