Spaghetti al tonno

La tarde cae lánguida. Una cara que mira por la ventana. No hay paisaje. Enfrente un bloque de pisos. Las ventanas con cortinas impiden ver que pasa en los interiores de enfrente. Desde el salón lo llaman. Hay que comer. Llenar la panza para después salir a la calle en busca de un no sé que, de un esperar largo y tenso, un a ver lo que cae. Con suerte alguien le hablará. Seguramente de nada. Quizás la muerte de un cercano o la de muchos lejanos, tragedia natural en grandes titulares. Lo pone en el periódico.

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