La perfección

Al entrar en casa la máquina le abre suavemente la puerta del excusado en donde le espera un baño con el agua a una temperatura de cuarenta grados. Afuera es invierno. La máquina no puede quitarle la ropa ni ayudarle a entrar en el agua, pero si tiene preparado un vaso de vino blanco que le acompañará junto a una suave melodía. La máquina interpreta los ojos cerrados como una orden de reducir la luz y dar un toque de iluminación de vela. Se ha quedado dormida después del último sorbo. La máquina sabe que el sueño debe durar una hora y media, de modo que lentamente va deslizando un suave pitido que provoca un agradable despertar. La máquina no puede ayudarle a salir del agua ni a colocarse el albornoz ni a mirarse al espejo, pero sí puede interpretar el deseo y modificar la imagen para ofrecerla como perfección de sí misma.

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2 comentarios to “La perfección”

  1. micromios Says:

    Es curioso que cambia el espacio y el texto parece distinto. Sigo pensando que las máquinas en cuanto nos descuidemos nos la lían.
    Saludos

  2. Juan José Colomer Grau Says:

    Comparto tu desconfianza con las máquinas, las cuales de manera sorda cada vez más van ocupando parcelas humanas, so peligro de un accidente que algun día puede llegar a ser ¿total?

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