Malestar

Pesan las manos. Pesan las piernas. Pesa la cabeza por la que cae un reguero de sudor que parece incontenible. Los ojos enrojecidos, escocidos, debido a que algunas gotas han logrado saltarse la barrera de los parpados. Se los frota. La camiseta empapada. Los calzoncillos empapados. Los pies que resbalan uno sobre otro en un intento por hacer algo que no requiera mucho esfuerzo, porque le cuesta moverse; y cuando lo hace, son pequeñas acciones que buscan paliar el creciente malestar. Sobre la mesa en la que se apoya hay una taza con posos de café secos y negros, junto con migas de pan y manchas de salsa parduzca. A veces le da un golpecito a la taza con los dedos. A veces estira las piernas o cambia de nalga en la que dejar caer la mayor parte de su peso. Se levanta. Abre la nevera. Solo hay tres botellas de cerveza y un trozo de queso rancio cuyo hedor penetra por las fosas nasales de forma invasiva. Tiene una arcada que logra controlar, aunque ha dejado un poso de sabor a bilis que le provoca un gesto de desagrado. No obstante paladea hasta que da un trago después de sentarse. Mira la botella. Se la pone en el cuello y resopla. Atraídas por la humedad de la botella se acercan unas cuantas moscas. Con un manotazo se lleva a dos por delante. Se despereza. Apoya los codos en la mesa. Bebe el resto de la cerveza con un largo y ansioso trago. Después observa como una de las moscas se posa sobre una de las manchas, dando saltitos hasta que vuela directamente a su boca y entra hasta la garganta. Se levanta de un salto y gorjea, tose, carraspea, maldice. Se pone boca abajo. Intenta subirla hasta la boca para después escupirla. Pero no puede y traga con fuerza, una y otra vez, con mohines de asco. Lo que no mata engorda, piensa. Se restablece y se sienta. Con un manotazo lleno de rabia mata a otra mosca. Después añade más sudor al sudor cuando se pasa la mano por la frente. Observa las moscas muertas sobre la mesa. Después las tira al suelo y las pisa. Aprieta los labios mientras lo hace. Una vez se ha desgañitado coge otra cerveza. Pasa la botella fría por su rostro, por el cuello, por la panza. Resopla. Cruza las piernas. Se da una bofetada cuando una mosca se posa en su mejilla. No ha podido con ella y ahora revolotea entorno a su cabeza. Se levanta. Da unas dos o tres vueltas y vuelve a sentarse. Da un largo trago y después apoya su cabeza sobre la mano izquierda hasta que el tiempo hace que un rayo de sol le dé directamente en la coronilla. Le molesta. Cambia de posición. El aire caliente entra con dificultad en los pulmones. Reacciona con un salto cuando una mosca vuela directo hacia una de las fosas nasales. Se tapa la otra fosa con fuerza, cierra la boca, agacha la cabeza y espira con violencia. La mosca se estampa contra el suelo. Aun está viva, pero sus alas empapadas de mucosidades le impiden volar. La aplasta. Se termina la cerveza con escozor en la nariz. Se levanta. Se sienta. Se levanta. Se sienta. Se suena la nariz. El escozor no mengua. Maldice. Cree que si esnifa agua sentirá alivio, pero el agua se cuela por la garganta y tose, se arquea, se crispa. Da un puñetazo a la mesa. Las botellas de cerveza bailan sobre sí mismas hasta que caen, haciéndose añicos, justo cuando una mosca vuela directamente hacía su oreja y la penetra. La vibración de las alas ahí dentro es escandalosa. Se mete el dedo meñique y hurga mientras intenta dar unos pasos. Pero se corta los pies y cae. Se corta los brazos, el tronco. La vibración no cesa. Pánico. El cerebro se nubla hasta tocar el punto definitivo de la catatonia.

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5 comentarios to “Malestar”

  1. micromios Says:

    Malditas moscas. Es uno de los relatos tuyos que más me ha impactado quizas porque detesto las moscas y ahora están de lo más pegajosas. Me ha parecido muy bueno como trasladas el agobio de algo pegajoso que no puedes quitarte de encima del sudor a las moscas.
    Voy a leer más allá de lo que dices para tener una idea de lo que son las moscas en nuestra sociedad y de lo que nos llevará a todos a ser unos seres catatónicos.
    Saludos

  2. fanou Says:

    Que personalidad más auto-asfixiante!!

  3. Juan José Colomer Grau Says:

    quasi, las moscas conspiran en las sombras y atacan soledades.

    exacto fanou, asfixia y soledad inconscientes.

    saludos

  4. sergio Says:

    Sí, exasperante. Me ha gustado. Hay una abstracción en tu escritura bastante molesta: lo digo como elogio, claro, pero también podría ser una crítica ante cierto peligro de repetición inconsciente.

    Un fuerte abrazo desde la frontera sur.

  5. Juan José Colomer Grau Says:

    gracias amigo sergio por el elogio y sobre todo por la crítica, hace algún tiempo que me he dado cuenta del peligro y estoy reflexionando sobre ello, no obstante, como no quiero dejar de escribir y cuando el trabajo me lo permite, sigo erre que erre, jejejejeje, aunque con la esperanza de que se produzca algún tipo de evolución, ya sea espontánea o no…

    otro fuerte abrazo desde la ciudad gris e hiper-ordenada, añorando mucho ese sur que tan largos y buenos paseos ofrece.

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