Bajar, subir

“pienso, luego existo”

Descartes.

Tras atravesar raudo el largo pasillo con gran carga olfativa de la sección de perfumería, coloca sus pies en uno de los dentellados peldaños de la escalera mecánica y justo cuando está a medio camino, alguien le llama desde abajo. Realiza gestos que indican que una vez arriba dará la vuelta y cogerá la escalera que lleva dirección contraria. Sus planes se desmoronan al comprobar que las escaleras mecánicas solo suben, planta tras planta. Tras dar varias vueltas rodeado de almohadas, sábanas, edredones, colchones, bajeras y cortinas, movido por la certeza de que debe haber algún modo de bajar, un tanto desesperado, se decide a preguntar a una dependienta con el gorro ultra-violeta cómo puede hacerlo. La chica le dice señalando un pasillo lleno de radio despertadores que al fondo a la izquierda hay un ascensor y señalando el pasillo contrario formado por mesitas de noche que al fondo a la derecha está la puerta que da acceso a las escalera de servicio. Se decide por el ascensor, pero da media vuelta cuando comprueba que frente a su puerta espera una aglomeración de cuerpos, cargados todos con bolsas que surten al grupo de colores diversos. Al entrar en el descansillo de la escalera de servicio siente cierta inquietud, pues se encuentra con que la luz ha disminuido significativamente, emborronando un tanto las cosas, y con la irrupción de un silencio que evoca el ambiente seguro del murmullo de las compras. Calcula que solo tiene que descender hasta el próximo descansillo. Pero el descenso se alarga más de lo esperado, haciendo que sus cálculos duden con que en la próxima puerta alcanzará el piso donde se encuentra la sección de perfumería. Además, sin apenas percibirlo, con cada peldaño consumido la luz se ha ido apagando, hasta que finalmente se ha visto obligado a arrastrar la mano por la pared mientras el pie derecho realiza tientos antes de apoyarse definitivamente en el próximo peldaño. Se detiene e intenta escuchar, pero solo se escucha respirar a sí mismo. Especula con la posibilidad de volver sobre sus pasos. Pero calcula que es casi seguro que los aparcamientos marquen el punto final de la escalera y que no deben de andar muy lejos, con lo cual, una vez allí, le será más fácil llegar a su destino, ahorrándose del mayor cansancio producido por la acción de subir. Cree que sus cálculos se confirman cuando en uno de sus tientos, el pie derecho comunica que se ha alcanzado una superficie lisa que bien puede corresponder con la de un descansillo, deduciéndose con ello que allí debe de haber una puerta. Sin perder del todo la precaución, la mano empieza a palpar la pared en un afán por encontrar un punto de ruptura que lo remita a un pomo. Pero la decepción le embarga cuando llega al final del descansillo sin que la pared haya arrojado ninguna puerta, ofreciendo en cambio la posibilidad de seguir bajando. Tiene la sensación de que bajar es como un viaje a ninguna parte y decide volver sobre sus pasos. Al cabo de un rato los abductores empiezan a mostrar síntomas de fatiga. Sus cálculos le dicen que la puerta por donde ha entrado no debería de estar tan lejos, teniendo en cuenta el largo tiempo transcurrido, lo cual le intranquiliza. Se detiene para respirar un poco y descansar sin dejar de tocar la pared. Se dice con convicción de que no hay escaleras infinitas, mientras se sonríe y vuelve a subir, atravesado por una sensación de optimismo provocada por esta certeza. Se auto-celebra cuando el tiento del pie identifica otro descansillo. La ansiedad por salir de allí provoca que busque la puerta con prisas sin obtener resultado. Se desespera. Respira profundo y se dice que busque la puerta con calma, palpando cada centímetro, que las prisas no son buenas consejeras y menos en la oscuridad. Con ello confirma que la pared del descansillo esta estucada y que su regularidad no queda amenazada por ninguna puerta. Se deja caer en el suelo. Se lleva las manos a la cabeza. Intenta pensar, intenta decirse que es seguro que ha pasado por descansillos de los que no se ha dado cuenta y recapitula si en algún momento del ascenso su pie ha podido dudar de si se encontraba ante un peldaño o una superficie lisa más extensa. Se desespera. La memoria no falla. Se angustia. Ya no sabe cómo salir de ahí y lo que es peor, ha pasado tanto tiempo, que sus cálculos arrojan la seguridad de que afuera ya nadie le espera. Grita con la esperanza y el miedo que componen un grito de socorro, pero su voz rebota por las paredes, devenida en eco, en mera repetición de sí mismo.

Este relato es consecuencia del juego/reto planteado por los compañer@s de los blogs silva camanche y micromios entorno a las escaleras.  Otras caras de la escalera pueden leerse en: no entiendo nada, cuento chino, anne fatosme e historias ciertas y no tanto, todas excelentes. Recuerdo también que el escritor Julio Cortázar escribió unas curiosas “Instrucciones para subir escaleras”, que pueden encontrarse en Google o en el libro “Historias de Cronopios y de famas”.

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16 comentarios to “Bajar, subir”

  1. micromios Says:

    No sé si el pobre Dédalo tuvo más trabajo. Muy buena idea la de perderse en estos modernos laberintos que son los grandes almecenes con sus tentadoras escaleras que suben y suben pero que no te llevan a ninguna parte. Como siempre has ido más allá de las expectativas.
    Cortázar es uno de mis autores favoritos (¿se nota?)
    Salut (entre esternuts)
    PD: tenim fred, no tant com a la teva ciutat gris, però no ens podem queixar.

  2. g. Says:

    me gusto, me gusto, cuantas buenas escaleras.
    y me habia olvidado de cortazar, claro!
    salut,

  3. chrieseli Says:

    Angustiante viaje a ninguna parte. Me provoca sentimientos encontrados y me imagino las escaleras de Hogwarts, que cambian de dirección a su antojo, para perturbar a los que las traspasan.
    Te leo con calma mientras te agrego a mi blogroll.
    Saludos

  4. MX Says:

    muy inquietante, generas un gran clima opresivo y paranoide, como los que más me gustan! muy bueno.
    la convocatoria fue todo un exito, y me alegra descubrir cada vez más relatos que se suman a la misma.
    saludos!

  5. annefatosme Says:

    Es un relato extremadamente angustioso, una pesadilla sin salida. Una escalera pero mentalmente un laberinto…y además has expresado en tu escrito una pesadilla muy recurrente en mí: quedarme encerrada en unos grandes almacenes cuando no queda nadie y las luces se apagan…al fín me tienes sobresaltada!
    Un saludo

  6. fanou Says:

    Mareante, turbador, me recuerda a los relatos fantásticos de Pere Calders (que me encantan). Este relato, junto con otro tuyo reciente, me recuerdan a mi deprimente tiempo en un centro comercial (trabajando).

  7. eduard Says:

    ✔ Me recuerda a Locomer, respira de su estilo por todos los poros, como siempre demostrando que cada paso es hacia adelante, reflexionando sobre el paso en si. Sobre sus propias reflexiones.
    ✔ Descartes: Pensar, estoy seguro que piensas, de que existes, sobre ello no puedo pronunciarme.

    ✔ No soy tan tonto como parezco, decía Platón a sus discípulos.

  8. Concha Huerta Says:

    Un relato de una angustia increible. Mas que un relato parece una pesadilla. Muy grafico. Te pone la carne de gallina. Enhorabuena.
    Yo tambien parcicipe en el reto de las escaleras.
    Un saludo.

  9. -10 escaleras- « Micromios's Blog Says:

    […] De puntillas La escalera roja En la escalera La escalera La carta Cocktail La escalera del fondo Subir y bajar Donde nacen las ideas viven las pasiones El monstruo de la escalera Dejar un […]

  10. Una escalera de diez peldaños. « David Silva Says:

    […] Subir y bajar […]

  11. Escalones para una bella escalera « Emi Eat World Says:

    […] “Cocktail” – “La escalera del fondo” – “Bajar, subir” – “De donde nacen las ideas viven las pasiones” – “El monstruo de la […]

  12. Emi Says:

    Las escaleras como rompecabezas, como laberinto que no deja salir… es genial.

    Cada relato es totalmente diferente y me hacen ver la escalera de forma totalmente diferente.

    Un saludo.

  13. 12 escalones. « no entiendo nada. Says:

    […] Bajar, subir. […]

  14. Doce peldaños. « efímero Says:

    […] – Bajar, subir, blog: Tiempos de Nadie, de Juan José Grau Colomer. […]

  15. xico Says:

    Um comentario em português.
    Li o teu texto e os comentários já feitos e ficou-me a duvida;
    – a vida é um caminho sem saida ( não tanto um labirinto) ?
    – remeniscencias de um surrealismo ? ( que saudade !)
    -apenas o prazer da criação e da escrita ? (a interpretação cada leitor que tenha a sua …)
    Ou afinal um pouco de tudo isto ?

  16. cstax Says:

    Me gustó tu laberinto kafkiano de peldaños.
    Te añado a mi blog, si te parece bien.

    Cristina

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