Automatismos interrumpidos

La costumbre dice que te vas a levantar a las seis treinta de la mañana, encenderás un cigarro, puede que te rasques los huevos y con la última expulsión del humo te levantes y vayas a la ducha. No dice en cambio que los labios secos retendrán el cigarro, provocando que el índice y el pulgar se deslicen por su superficie hasta quemarse con la brasa, con cuyo consecuente espasmo golpearas el cenicero de la mesita, el cual se partirá en múltiples pedazos que te cortarán la planta del pie cuando te levantes. La costumbre dice que entre las ocho y ocho treinta saldrás de casa, puede que te cruces con un vecino y te sonría, te dirijas al kiosko a comprar el periódico y te sonrían, después a la panadería a comprar una barra y te sonrían,  y finalmente al bar habitual a leer las noticias mientras tomas una tostada de jamón, tomate y aceite de oliva más café con leche y te sonrían. No dice en cambio que la imagen que tienes de ti mismo se verá comprometida cuando obtengas un tres sobre una escala de diez en el test de simpatía de la página doce y empieces a dudar de las sonrisas. La costumbre dice que a las diez entrarás en tu cuadricula laboral, en donde te espera un teléfono, una pantalla, un micrófono y llamadas entrantes provenientes de posibles Enriquetas Garcías Toledanos y sus quejas malhumoradas de que se ha facturado más de lo consumido o que quieren cambiar el plan ahorro por el plan superplus o que solicitan darse de baja en la compañía. No dice en cambio que a las dieciséis cero cero, tras atender la última llamada del día, el supervisor te convocará a su despacho para llamarte al orden, pues habrán detectado que tu porcentaje de autorización de bajas ha aumentado en un dieciocho por ciento en el último mes, lo cual hará que duden de tu capacidad de persuasión y de tu profesionalidad. La costumbre dice que entre las dieciocho cincuenta y siete y las diecisiete catorce entrarás en casa e irás directo al excusado, te bajarás los pantalones y sentado en la taza defecarás mientras te fumas un cigarro. No dice en cambio que una vez termines tomes conciencia de la ausencia de papel higiénico y entre lamentos y cagadas en tu mala memoria improvises una solución con una toalla de mano. La costumbre dice que a las diecisiete cuarenta y cinco vas a freír patatas acompañadas por la última carne de oferta, y después lo deglutas sentado en el sofá, frente al nuevo y enigmático crimen que el detective John O´Law y su equipo de superdotados van a desentrañar. No dice en cambio que a las veinte treinta y tres, la emisión se interrumpirá bajo un gran rotulo en rojo y blanco, BREAKING NEWS,  que precederá al rostro serio, formal y con un pequeño matiz épico del presidente informando que a primera hora de la tarde se han desencadenado las hostilidades y que tras reunión urgente del consejo de estado, se ha decidido declarar el estado de excepción y la movilización general, encomendándose a Dios y al sacrificio del sagrado pueblo.

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4 comentarios to “Automatismos interrumpidos”

  1. eduard Says:

    ➢ Hostias, me has dejado sin palabras, que final más radical y perfecto. Te habrás quedado de un a gusto. Sigo con lo mío: Universo Locomer. Tan Locomer todo lo construyes que no puedo dejar de imaginarlo como una civilización de un futuro cercano. Mi pobre mente enfermiza lo vincula a unas historias del gran dibujante francés Moebius. No sé si conoces. Supongo que si.
    Universo Colomer, veo en neón a la entrada de la ciudad.

    ☝Miegoiyo☝

  2. micromios Says:

    Demoledor como siempre Colomer. La costumbre nos hace seres grises que no saben qué hacer si no siguen la rutina. Lástima que cuando se rompe no es por su consciente participación sino que rompe la rutina quien mueve los hilos de sus rutinarias vidas.
    Salut.
    PD: La ciutat gris a més de fred veig que té un filó de temes que t’inspiren per a qué puguem reflexionar una bona estona.

  3. Antonio del Pasado Says:

    Grande Colomer, tal cual…

    Sigo leyendo y releyendo tus post anteriores y confirmo, cada vez más, que debieras reunirlos y presentarlos a concurso. Sabemos que éstos son en la mayoría de ocasiones dirigidos, encauzados y previamente otorgados, pero son en buena medida un primer paso a reconocer un trabajo propio. Además, formalizar escritos nos obliga a ser más críticos y menos autocomplacientes con nuestro trabajo, y ello supone un modo de crecer y no acomodarse. No dejes de escribir, aquí parece que hay unos cuantos incondicionales, yo entre ellos…

    Saludos desde Sevilla

  4. g. Says:

    me gusto mucho, que acostumbrados estamos a la rutina y que poco nos damos cuenta de como se nos evapora la vida en la costumbre…
    salut,

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