Sobre la utilidad y los perjuicios de la economía para la salud

“Virgencita, virgencita,  que me quede como estoy”

 

Se estrechan la mano y ella le acompaña hasta la puerta, no sin antes garantizarle que ha escogido el contrato perfecto. Ya en la calle, mientras el aire fresco roza su rostro, se alegra de haber dejado atrás las suspicacias y de haber seguido el consejo, repetido por varios amigos, de cada cierto tiempo renegociar el seguro médico. Especialmente recuerda las razonables palabras de la teleoperadora de la compañía con la que concertó la cita, la cual aseguró que era una tontería pagar todos los meses trescientos euros cuando se era un espécimen sano y fuerte, que evitaba visitar al médico por dolencias de poca monta.

 Al recibir la primera factura del nuevo contrato no puede evitar sentirse satisfecho al comprobar que le han descontado quince euros. Un cálculo rápido le arroja la posibilidad de que en veinte meses la factura puede quedar reducida a cero, siempre y cuando evite  pisar una consulta o un hospital. Adjunta viene una misiva en la que la compañía le da la enhorabuena por su buena salud y le conmina a seguir en la misma línea, informándole que desde ya, en un alarde de generosidad, es beneficiario del BONUS PLUS 10 gracias al cual puede reducir los veinte meses a tan solo diez. Asimismo, como modo de contribuir al beneficio del cliente, acompañan un prospecto titulado DIEZ CONSEJOS PRÁCTICOS PARA NO MALGASTAR EN SALUD.

 Es con la factura del tercer mes cuando se observa un significativo descuento de setenta y cinco euros, que le hace sentirse orgulloso de haber aguantado con analgésicos, antibióticos sin receta y disciplina el aplastamiento por martillo del dedo meñique. Es consciente de que hubo fractura y de que la subsiguiente uña negra apuntaba a infecciones. Pero nunca se encontró mal del todo, pese a que las dos semanas posteriores al golpe el dedo palpitaba de tal forma, que cada latido hacía pensar en una deflagración del hueso. Ahora, con el dedo casi recuperado, aunque con la secuela de un leve encorvamiento y la imposibilidad de cerrarlo del todo, piensa en dedicarse un capricho que bien puede adquirir forma de ropa de marca, libros, películas o una cena en un restaurante de carnes a la brasa.

 La factura del sexto mes anuncia que se encuentra a mitad del ideal de coste cero. La compañía, para celebrar el acontecimiento, junto a una alabanza del ciudadano responsable que evita acudir al médico por temas intrascendentes, adjunta un vale que le permite acudir a cualquiera de los tres mil seiscientos cincuenta y tres balnearios asociados que cuenta por todo el mundo, para disfrutar de un día de masajes y baños terapéuticos, recomendándole la utilización de los servicios de aromaterapia, ya disponible en cada uno de los centros. Como contenido adicional, en un afán por fomentar la calidad de vida del cliente, halla el prospecto titulado DIEZ CONSEJOS PRÁCTICOS PARA BENEFICIARSE DE UN INVIERNO SALUDABLE.

 Con la factura del noveno mes reducida a la ridícula cifra de veinticinco euros, siente, como si fuera un corredor de maratón que ha entrado en el último kilometro, una mezcla de inminencia, agotamiento e inesperado subidón de energías, después de un largo y duro período en el que fiebres, mareos, vómitos, temblores y desfallecimientos se combinaron, se sucedieron y se retroalimentaron, y en el que al principio pudo valerse de los habituales analgésicos y antibióticos, pero que después no pudo reponer al quedar solo con las fuerzas suficientes para recorrer el reducido trayecto que va del dormitorio a la cocina, en donde se las apañaba para prepararse una sopa caliente y llenar una jarra de agua fría a la que a veces añadía unas gotitas de limón, para luego volver arrastrándose cansinamente y con la sola compañía del dolorido crujir de los huesos. Afortunadamente lo peor ha pasado y decide celebrar el éxito del descuento, con un sangriento chuletón de buey regado de vino y con la compra del mismo pendiente de diamantes que pudo ver en los anuncios televisivos que llenaron los largos días enfermos.

 Llega la carta del décimo mes, que ya no es factura, sino un mensaje del presidente de la compañía en el que felicita de manera personal y afecta al cliente que ya disfruta de las ventajas del coste cero, gracias a una salud y a una voluntad de hierro, a una fortaleza no solo física sino también moral, comprometida con un sistema sanitario desbordado de pacientes caprichosos que debieran tomar ejemplo del ciudadano que solo recurre al médico si es estrictamente necesario, contribuyendo así a la fluidez de un sistema siempre al borde del colapso. El presidente se complace en anunciar que como premio ya es beneficiario de un chequeo gratuito en cualquiera de las seis mil cuatrocientas ochenta y dos clínicas asociadas repartidas por el mundo, en donde su ADN individual será conservado como un valor para futuras aplicaciones sanitarias. Adjunto viene un prospecto con el que la compañía inaugura su vocación por promover espacios domésticos seguros bajo el título DIEZ CONSEJOS PRÁCTICOS PARA EVITAR ACCIDENTES EN LA COCINA.

 Ve un cielo azul borroso. Ve un cielo azul enmarcado por difusos rostros que le observan. Un pitido continuo le taladra la cabeza. Cree que los rostros le quitan el aire. Recuerda el frenazo. Poco a poco las superficies de las cosas y los cuerpos van definiendo su perfil. Escucha voces, alguna de las cuales le pregunta cómo se encuentra. Intenta levantarse. No puede. Los rostros se separan. Nota que tiene más aire. Puede ver que se ha roto la tibia, dejando la pierna izquierda hecha un colgajo. La visión desata el horror y grita hasta que escucha como alguien pide que llamen a una ambulancia. Haciendo un sobresfuerzo y con voz delirante clama un largo y sostenido no lo hagan, que se encuentra bien, que no es nada más que un susto. Intenta arrastrarse. Cree que si llega a casa podrá entablillar la pierna. La gente se aparta. Avanza un poco y se toma un respiro. Es consciente de que ahora no puede volver a pagar una factura de trescientos euros, pues los tiene comprometidos en la letra del coche nuevo. Se arrastra mientras la sirena de la ambulancia apaga los gemidos que profiere por cada centímetro que adelanta. Insulta a los sanitarios que pretenden socorrerle y declara con excitada convicción que es mayor de edad y que rechaza sus servicios. Se arrastra.

Anuncios

Etiquetas: , , , , , ,

3 comentarios to “Sobre la utilidad y los perjuicios de la economía para la salud”

  1. micromios Says:

    Demoledor como siempre. Con la salud no se juega decían, lo que no especificaba es quién es el que juega si los médicos, el seguro o el paciente.
    Vivimos con la preocupación constante por la salud, no has de estar sano, solo procurar conseguir aquello que te mantendrá sano.
    Hipocondria induida.
    Salut
    Veig has tornat a escriure sense deixar passar temps i això és un plaer per a tos els que volen llegir les millors reflexions de la blogosfera

  2. fanou Says:

    Que afilado relato. Muy bueno.

  3. eduard Says:

    Teniendo en cuenta que las grandes compañías hacen campañas de marketing lanzando al mismo tiempo enfermedad y fármaco. Todo es posible.
    Así que mejor seguir poniendo perejil a nuestros Santos de estar por casa.

    Una abraçada

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: