La distancia

“Dios nos proteja del espejismo de la guerra”

Jean Badrillard.

Carga en la pantalla las fotografías aéreas de la nueva ciudad. El primer elemento a saber es la población total. En este caso dos millones trescientas cincuenta y tres mil quinientas sesenta y tres almas, a las cuales cabe suponer una predisposición a la hostilidad; no en su totalidad, pues cabe prever que el temor será el sentimiento dominante. Pese a ello, no suponen una excesiva preocupación vistos desde el aire. Más relevantes son en un primer momento los accesos, las principales avenidas, desvíos y nudos comunicativos; que parcelan una figura geométrica de hormigón, ladrillos, asfalto y tendido eléctrico. Suena el teléfono. Es mamá.

A la pregunta de si se ha comprado la almohada para el cuello que le recomendó responde que sí y que ha notado mejoría desde la primera noche. Después pregunta que especia le pone a la salsa de tomate y ella le reprende por olvidarlo siempre, añadiendo con condescendencia que es tomillo, solo una ramita. Los niños están bien, tienen muchas ganas de verla, la mujer está bien, ha propuesto salir a cenar con ella el sábado; finalmente promete para mañana por la mañana que irá a visitarla con una docena de churros y la emplaza a que prepare ese chocolate que tanto le gusta. Besos y abrazos.

Identifica las parcelas que pertenecen a zonas industriales, estaciones de tren, el puerto, los centros de gobierno, los acuartelamientos, las torres de comunicación y los grupos electrógenos. Después identifica los edificios en los que cabe suponer la inclusión de medios informativos. Todos esos elementos son marcados por un círculo rojo. Después amplia la parcela correspondiente a la zona industrial norte, en donde se concentra un significativo entramado de industria pesada. Observando nave por nave identifica la planta de acero y la central termoeléctrica. Regresa al plano general de la ciudad. Suena el teléfono. Es su mujer.

Como ella sabe que él siempre llega primero a casa le recuerda que debe subir el climatizador hasta los veintitrés grados y que por favor llene la bañera y ponga unas gotitas de POTOMAX. De la cena se encarga ella, y con voz más picarona añade que del postre también. Los niños duermen en casa de la tía, y dice no entender esa naciente pasión por el primo. Él dice estar feliz de que estrechen lazos con el primo. Después pregunta si ha vendido algo. Ella responde que dos pisos, de perfil bajo, y que es lo único que puede hacer por el momento, pues la situación no da para más. La reconforta al recordar la proximidad de tiempos mejores. Ya se sabe, crisis cíclica. Se besan mediante onomatopeyas más el zumbido de una pequeña interferencia. Cuelga.

Marcados los objetivos de la primera fase, estima que ésta debe durar entre dos horas y dos horas y media. Inserta en la pantalla una fotografía de la ciudad en la que manchas cárdenas muestran la emisión de calor corporal de los habitantes. Especifica que quiere una toma de las diez de la noche, cuando el gran grueso de los cuerpos descansa en sus casas, por lo que así puede saber las zonas de mayor densidad poblacional, las cuales son marcadas con círculos amarillos, estableciendo con ello los objetivos de la segunda fase, la cual estima que debe durar dos días, sin interrupción y mediante intervalos de cinco horas. Suena el teléfono. Es su hermana.

Tras preguntarle cómo se encuentra y escuchar que está bien aunque con mucho trabajo, ella le dice que se va a poner su hijo pequeño, pues lleva insistiendo mucho rato que quiere hablar con papá. Antes de que esto ocurra pregunta si han tomado mucho chocolate, y ella, con voz de culpa, afirma que se han pasado un poquito. Tras contarle que se ha caído y que el primo y el tete no quieren que juegue a la consola, le hace prometer que le comprará un muñeco de TIGRETÓN o de lo contrario ya no comerá más lentejas. Con la promesa en el bolsillo vuelve a quejarse del primo y del tete. Para rebajar la frustración que siente por no jugar a la consola, le susurra con tono secreto que la consola es para niños tontos y que con la tía lo pasará mejor. Después, a modo de despedida, bromea con que mañana se lo comerá. Cuelga.

Concluidas las dos primeras fases, se inicia la definitiva fase de desgaste, en la que ya no es necesario marcar objetivos, pues estará determinada por un carácter indiscriminado. Recomienda oleadas de tres horas hasta que las tropas terrestres inicien la ocupación. Cuando ello ocurra estima unas defensas mínimas, por no decir inexistentes, llevadas a cabo por grupúsculos traumatizados, incomunicados, desorientados, con los oídos sangrando, pertenecientes al porcentaje de supervivientes que estima debe oscilar entre una sesenta y un cincuenta y cinco por ciento. Inserta de nuevo el plano general de la ciudad y busca el zoológico. Lo marca con un círculo verde. Aquella será la única parcela que quedará intacta, a modo de sello personal, a modo de pequeño cumplido a su hijo mayor, declarado desde temprana edad amante de los animales.

Nombre de la operación: TEMOR Y TEMBLOR.

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Una respuesta to “La distancia”

  1. micromios Says:

    Espléndido y muy duro.
    Esto si que es compaginar la vida laboral. Lástima que cuando se ha de decidir no siempre importen los sentimientos, si es que alguna vez se tuvieron.
    Muy duro últimamente ¿no? me refiero a más incisivo y más desengañado de que el ser humano puede llegar a ser humano al fin y al cabo.
    Salut
    PD: veig que estàs més actiu. Vacances? Espero que hagi parat de ploure. Aquí tenim pluja. La setmana que ve marxo més avall a veure piràmides. Espero que la calor no impedeixi contemplar el paisatge.

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