La cruz de hierro

Un niño de seis años berrea y patalea en el vagón seiscientos veintitrés de la línea catorce del metro. Veinte años más tarde, el día en que será condecorado por los servicios prestados, la madre recordará la anécdota como una afrenta graciosa y una muestra temprana de su carácter indomable, mientras mira el muñón de lo que antaño fue su manita.

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2 comentarios to “La cruz de hierro”

  1. eduard Says:

    Cuando hice la mili había una condecoración, San Hermenegildo tal vez, no recuerdo bien, pero ponía los pelos de punta; era por haber matado a alguien, aunque el discurso se basara en la especulación y la ambigüedad sobre patriotismos y tal, era por haber ido más lejos en el deber de proteger y.blablabla,…

    Una abraçada

  2. micromios Says:

    Corto e intenso. El trueque no me parece equitativo pero quien soy yo para cuestinar asuntos de condecoraciones militares que tan alto rango otorgan ni los misteriosos derroteros por los que se mueve el orgullo.
    Salut
    De volta a les tempertures adecuades pel cos. Només en falta anar aquest hivern a Islandia per a què el meu cos quedi templat. El silenci dels deus es deixava sentir molt alt a través dels grans de sorra.

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