Un día con…

Aparece un amanecer. Una voz en off nos dice que despunta el alba sobre el poblado chabolista de los Boquerones. Allí vive Lorenzo Benavides, que a sus treinta y dos años afirma con amargura que ha desperdiciado su vida. Lorenzo prepara café y atestigua que le gusta levantarse pronto y que el humo de la cafetera le recuerda los días de niñez en los que su madre le preparaba leche con cacao antes de ir a la escuela. Las cámaras del programa UN DIA CON… no pueden grabar a Lorenzo mientras sale afuera a mear. Después se toma el café mientras ofrece una gran sonrisa desdentada y afirma que el café le da momentánea energía para salir a la calle a buscarse la vida. Un plano del cuerpo ensombrecido de Lorenzo alejándose y sonido de pisadas. Una voz en off nos dice que Lorenzo tarda unos veinte minutos en alcanzar el centro de la ciudad, mientras muestran su silueta caminado por el borde de una autovía. Una vez allí inicia su deambular por los contenedores. Lorenzo declara con voz quebrada que siempre llega con hambre, de modo que lo primero que hace es rondar los contenedores de los restaurantes. Con suerte encontrará un chuletón de ternera a medio comer, que es lo que más le gusta. Un plano medio nos muestra a Lorenzo comiendo los restos de un pollo asado y pan duro. Una voz en off nos dice que pese al hambre, la prioridad de Lorenzo es conseguir dinero para chutarse, mientras graban su cuerpo internándose por una callejuela. Publicidad.

Aparece Lorenzo acercándose a la cámara. Una voz en off nos dice que con los diez euros que le sobraron de ayer Lorenzo ha comprado una papelina. Un plano de Lorenzo sentado en un portal después de inyectarse. Lorenzo afirma con voz relajada que hace unos cinco años que no ve a su familia y que no cree que vuelva a verla, además intuye que tiene un hijo aunque no está ciento por ciento seguro, pues asegura que muchas veces inventa recuerdos para no sentirse tan mal. Lorenzo termina con un contundente yo estoy muerto y cierra los ojos. Una voz en off nos dice que los efectos tan solo duran unas dos horas mientras la cámara se aleja. A continuación aparece Lorenzo sentado en el suelo de una calle comercial. Una voz en off nos dice que la única vía de ingresos que posee es la limosna y que el Estado no tiene un plan específico de atención para la población adicta. Lorenzo afirma que nunca ha robado y que no quiere robar, por lo que deja que sea el buen corazón de la gente el que elija dejarle el dinero a él y no a los otros cinco desdentados que le hacen competencia en la misma calle. La cámara se aleja de Lorenzo mientras suena una música de violín. Publicidad.

Aparece un ocaso. Una voz en off nos dice que la noche cae sobre el poblado chabolista de los Boquerones. El día no ha ido mal para Lorenzo, que gracias a las cámaras ha obtenido más dinero del normal, por lo que ha podido comprar cinco papelinas. Un primer plano del rostro de Lorenzo nos muestra sus ojos entrecerrados y una fina sonrisa en sus labios. Lorenzo manifiesta que toda su vida gira alrededor del momento en que la jeringa penetra en su vena. Lo ha dado todo por ello. Lo ha dejado todo por ello. Lorenzo declara que no merece la pena, pero que no tiene las suficientes fuerzas para dejarlo y que por eso ha acudido al programa. Necesita terminar de una vez. La cámara se aleja lentamente mientras Lorenzo se va quedando dormido. Una voz en off nos dice que tras la pausa comercial será el público quién decida sobre el destino de Lorenzo. Publicidad.

Aplausos mientras aparece la presentadora del programa, Gina Foncada, la cual tras unas sonrisas que simulan encubrir su natural timidez promete desvelar la voluntad de la audiencia, aunque antes pide que entre Lorenzo en el plató. Aplausos. El aspecto de Lorenzo ha cambiado. Lo han afeitado y le han puesto un traje. Ahora es un hombre limpio. Seguidamente Gina pregunta a Lorenzo si está realmente dispuesto a aceptar el veredicto del público. Lorenzo asiente, serio. Entonces suena una música llena de misterio. Gina expone con voz cavernosa y grave que le han preguntado al público… si Lorenzo merece seguir viviendo. Una azafata de largas piernas acerca un sobre a Gina. La música acelera su pulso mientras Gina lo abre. La música cesa y las respiraciones se aguantan. Aparece un primer plano del rostro de Lorenzo al tiempo que la voz de Gina prorrumpe que el setenta y ocho por ciento de la audiencia… ha decidido… que Lorenzo deje de existir. Aplausos. Gina se acerca a Lorenzo y con unas palmadas en la espalda lo acompaña a la habitación de la muerte mientras se escucha una música llena de esperanza. Lorenzo se despide del público con rostro aliviado, dando las gracias, antes de atravesar definitivamente la puerta. A continuación Gina va caminando lentamente hacia el público, proclamando que en el próximo programa pasaran un día con Marcelo Santiagosa Gurendez, afable padre de familia que afirma que ya no siente amor por nadie. Gina se despide con una sonrisa. Aplausos. Títulos de crédito. Publicidad.

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Una respuesta to “Un día con…”

  1. micromios Says:

    Creo que puede sentirse afortunado Lorenzo de que ninguna alma caritativa le haya hecho ver lo malo de su conducta ni haya intentando redimirle llevandole por la senda de los justos. O peor, que le hubieran insultado además de pedir que viva encerrado en un cuarto oscuro por tener ideas diferentes al resto.
    Salut
    PD: ja es primavera, setmana santa i pont fins dilluns. Llàstima que hagi pedut el Barça.

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