El reino de las bestias

Mire por la mirilla. Lo que usted ve parece humano, pero no lo es. Tampoco es un extraterrestre que ha viajado durante miles de años luz y que hemos tenido la fortuna de capturar. Como puede comprobar su aspecto nos permite pensar que se trata de un semejante. Pero esto nos conduciría a error si no tuviéramos en cuenta esa línea divisoria que el departamento de detección de sospechosos de sedición ha elaborado, y en la que se nos dice que, si bien el sospechoso de sedición aparenta ser igual que nosotros, algunos rasgos le sitúan del lado de los animales. Veamos. Si el humano representa el afán de orden, el sospechoso de sedición se decanta por el desorden, el caos. Hay que tener en cuenta que sin orden no hay moral que se sostenga, de modo que el desorden es amoral y en este nuestro mundo, como bien sabemos, solo es amoral el reino de las bestias. Así, dado que el humano ejerce dominio sobre las bestias, o en otras palabras, la moral actúa sobre lo amoral, podemos considerar legítimo la utilización de la vara contra el sospechoso de sedición, de igual modo que la utilizamos contra un caballo nervioso que amenaza a la muchedumbre con sus poderosos cascos. Pero si al caballo se le azota para que vuelva al redil, al sospechoso de sedición se le azota para que nos muestre su redil, ya que se trata de una especie asustadiza, que se esconde en madrigueras alejadas de la gente, de la luz, y en donde conspira para instaurar el reino del caos, de las tinieblas. Que no le mueva a compasión si el sospechoso de sedición relincha con lágrimas. A diferencia del caballo, el sospechoso de sedición tiene el instinto natural de la mentira. Siempre le dirán que no, que ellos no son, que ellos forman parte de la humanidad, que no conoce a nadie. Pero con el uso adecuado de la vara, movidos por el dolor, en una especie de adiestramiento, prepararemos al animal para la verdad, que no es sino fuente prístina de orden. En ella el sospechoso de sedición, domesticado, y al igual que el caballo al que se puede volver a montar y mostrar el camino, dirá nombres y dirección, sufriendo asimismo la liberación de los instintos animales y adquiriendo su rostro los rasgos personales que una vez hubo perdido. Es en este momento en el que se le permite mover a compasión, la cual debe entender bajo la forma adecuada de eliminación, con la que consumaremos la liberación que demanda un ser humano al que hemos reconciliado consigo mismo.

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Una respuesta to “El reino de las bestias”

  1. micromios Says:

    En el país de los hombres el animal es el rey o al revés. Supongo que dependerá de la amoral que impere.
    Maravillosamente desordenado u ordenadamente maravilloso, a elegir.
    Salut
    PD: molta fresca pel sud que fa d’aquest juliol un més diferent, potser s’afegeix a la indignació i vol demostrar que l’home no ho té tot controlat. I de pas es carrega la dita “Al juliol ni dona ni cargol” que a la nit refresca.

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