Mira a papá

 

Ha decidido despertarla con chocolate, churros y un beso. El luminoso día se filtra por las ventanas cuando descorre las cortinas, multiplicado su brillo por el reflejo de las sábanas blancas. Ella estira los brazos y se revuelve por entre la seda. Se detiene con una sonrisa y ofrece un abrazo con los brazos abiertos en súplica. Él no duda. Se besan. Tras el desayuno se duchan entre risas y pequeños juegos sexuales que no culminan por falta de tiempo. Mientras se visten irrumpe el pequeño con cara de enfado. Ella con un gesto de condescendencia lo arropa en sus brazos y le dice que mire a papá, el cual se anuda la corbata mientras realiza muecas de presunta locura. El niño ríe. Después recibe un beso del padre, que se despide de mala gana y se dirige al garaje para subirse al flamante WAGON que acaban de adquirir. Blanco perla metalizado, cinco puertas, ampuloso espacio interior, máxima seguridad y confort. Mientras se regodea con una potencia de doscientos cincuenta caballos, escucha por la radio como el criminalista Garland Jones debate con la psicóloga Ana Mendieta el significado de los datos arrojados por el Ministerio del Interior, en los que se detecta el aumento en un tres por ciento de las muertes violentas durante el último trimestre. Garland Jones habla de un ambiente de caos en la que el ciudadano medio no puede pasear tranquilo por la calle ni dormir profundo en su casa, velando una crítica a la policía pero exaltando su necesidad. Ana Mendieta pone especial énfasis en el creciente número de muertes arbitrarias, colocando como paradigma la muerte de Mila Andreoivich, cuyo asesino se sentó junto a ella en el metro porque era el único asiento libre. El debate concluye con un contundente “hay que actuar y ya” por parte de la moderadora. Aparca mientras termina de escuchar la asombrosa y cocaínica oferta de MEDIA_FLASH de dos DVD y una cámara digital MANSON por tan solo 67 euros. YA-LO-SABES!!!!! Una vez en recepción el protocolo dice que debe ser sometido a un escáner de iris y a un detector de metales. Después entra en su despacho y corre las cortinas, cortando la entrada del Sol mañanero. Sobre la mesa descansa el plan de trabajo. Lo lee y decide ir a los vestuarios para cambiarse de ropa antes de empezar, pues teme las manchas y piensa en ella, recordando que le disgusta la visión de la camisa blanca salpicada de ronchitas rojas. Con la voz del recuerdo atraviesa la galería 23, poblada de gritos lejanos que rezuman por las paredes. En la cámara 623 le espera un cuerpo maniatado y con los ojos vendados, que respira agitado, desnudo, peso pluma. La pesada puerta se cierra a su espalda y aspira de manera lenta y profunda, como si se alimentara de la desprotección del reo. Después espira de manera feroz y suelta un puñetazo, directo al pómulo. Con un gesto de rabia abre el puño, doliéndose de los nudillos, lamentando haber olvidado la manopla de acero. Abre y cierra la mano varias veces, apretando los labios, con lo cual atenúa el dolor. Después echa un vistazo a la celda en busca de algo. Este algo toma la forma de alicates de mandíbulas estriadas, las cuales las hace chocar junto al oído del reo. Quiere tres nombres y tres direcciones. Entre forcejeos abre la boca del reo y pinza el incisivo central. Después tira con fuerza. Ambos gritan al unísono. Quiere tres nombres y tres direcciones. Es necesario otro tirón para que el diente salga definitivamente y caiga, rebotando varias veces sobre el suelo. Después escupe al reo. Los alicates pinzan ahora la oreja hasta que la parten en dos, dejándola como una papilla de piel, cartílago y sangre, apenas sostenida. Tres nombres y tres direcciones. Antes de pinzar la nariz la machaca con un contundente crochet de izquierda. Con movimientos circulares se queda con un pingajo sanguinolento que arroja al suelo y lo pisa con saña. Tres nombres y tres direcciones. Decide entonces pinzar el pezón derecho y descuajarlo. Tres nombres y tres direcciones. Después del grito más largo del mundo el reo balbucea algo. Acerca su oído a la deformada boca para escuchar mejor, no sin antes propinarle un cordial cachete en señal de aprobación. Julio Marley Jensen, calle Morería 46, Mª Consuelo Moreno Albacea, avenida de la paz y la libertad 134, Andrés Numismatikum Gavras, calle escritor Julio Alvarez de la Nao 77. Con la información deseada en la memoria abandona la cámara y se dirige a los vestuarios. Luego va al despacho y escribe en el informe que ha obtenido nombres que ya salieron en otras delaciones, aunque con direcciones diferentes, recomendando la eliminación del preso 623, pues intuye que ya no puede dar más de sí. Firma. Y se marcha. Deber cumplido un día más. El WAGON pita cuando lo abre con el mando a distancia. Sale con prisas y agradece la eficacia de los frenos cuando está a punto de colisionar con un coche que se cruza. Avanza soslayando algunas normas de velocidad mientras escucha un contundente rap lleno de ira y chulería. FUCK ALL COPS!!!!!!!!!!!!! FUCK ALL COPS!!!!!!!!!!!!!!!! FUCK ALL COPS!!!!!!!!!!!!!!!! Se crispa cuando se encuentra con un mínimo atasco. Decide cambiar de emisora, y, entre frenazos y acelerones, escucha como la voz de Julio Castagrana habla en formato editorial de la perentoriedad con la que el gobierno debe actuar contra las mafias y las bandas callejeras, pues en el último semestre se han quintuplicado los incidentes protagonizados por ellos. Lentamente se va acercando a casa. Al son de las NOTI-DIVERTIDAS, en las que informan de un hombre que ha construido una casa con la caca de su perro, de una anciana que pasa la noche encerrada en un jardín de infancia y de un cuarentón que ha apuñalado a su muñeca hinchable creyendo que era un ladrón; estaciona el WAGON, convencido totalmente de que ha realizado una buena elección con este coche. Acaricia el capó a modo de despedida, y, al entrar en casa, descubre que lo esperan en el suelo del salón, jugando con un tren de madera sobre una cálida alfombra. Le sonríen y se levantan. El pequeño corre hacia él. Lo alza a la carrera y simula que le come el cuello, lo cual provoca desenfrenadas carcajadas. Después la mira a ella, que los había estado observando desde cierta distancia, con los brazos cruzados y una mueca de amor dibujada en sus labios. Se dan un largo beso. Ella entonces moja la yema del índice con un poco de saliva y le quita de la mejilla una ronchita roja, sin mostrar disgusto. La hora dice que deben preparar al pequeño para dormir, lo cual significa ponerle el pijama, hacerle unas cosquillas y arrebujarlo entre las sábanas. Sentada en el borde de la cama ella le dice que mire a papá, el cual observa de pie, con una risita tonta y soñadora, como lentamente va cerrando los ojos. Apagan la luz. Sueña.

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2 comentarios to “Mira a papá”

  1. pipermenta Says:

    Uf, que fuerte! Me lo he leído de principio a fin sin pestañear siquiera. Si tu idea era encoger el corazón o lo que sea, lo has conseguido. Al menos conmigo. Un relato bien estructurado, de mucha calidad y con todos los ingredientes que se necesitan para enganchar.
    Un saludo y mi enhorabuena.

  2. micromios Says:

    Muy duro, me lo imagino y no dejo de ver la película.
    Le di vueltas al por qué de poner Voltaire, quizás por la idea de que muera el que no piense como yo, pero no por Candido. Quizás sea por Zadig o la felicidad perpétua. No sé tendré que leerlo unas cuantas veces más.
    Salut
    PD aquí fa un fred que pela, no m’imagino a la ciutat grisa. Ves a saber si aquesta història no ve motivada pel fred….

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