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Desconectado

diciembre 9, 2008

Compras una araña y no sabes para que. Compras una tarántula y te crees que eres diferente hasta que la moda se extiende y el distintivo se convierte en normalidad. Tienes que darle de comer además de enseñarla a tus amigos. Después tus amigos te enseñan las suyas e intercambias información acerca de cómo come, qué come, cómo limpias la jaula de cristal o de cual es el momento en el trato con ella que más peligros tiene; también si estas tranquilo ante la posibilidad de que la jaula se rompa y ella se escape y campe a sus anchas mientras duermes. Finalmente decides tirarla al baño. Estas cansado. Además tienes que comprar un chal con franjas doradas y turquesas que te ha gustado y nadie lo lleva o al menos solo se ha visto una vez por televisión. La araña ya no es un buen tema de conversación. Necesitas volver a ser diferente y el chal te lo permite. Al menos coges ventaja durante tres días, al cabo de los cuales en la panadería hay una mujer que lo lleva. También te das cuenta de que tres de tus cinco compañeros de trabajo se han sumado a esos colores. Como fuiste de los primeros te das cuenta de que has pagado más que el último que se lo ha comprado. Necesitas cambiar, pero estamos a fin de mes y no te queda dinero. Pero te tranquilizas pensando que solo tienes que aguantar unos días más. Decides sacar ropa vieja que crees que nadie recuerda. Sabes que lo malo de la ropa vieja es que te hace ser diferente pero no te permite estar conectado. La cuestión es esta: estar conectado significa que te pareces a alguien que sale en pantalla y en la vida cotidiana solo eres tú el que se le parece. Cuando empiezas a cruzarte con otros que también lo han hecho es cuando necesitas parecerte a otro o ser el primero en captar la nueva diferencia del personaje antes imitado. Ser diferente y no estar conectado no es lo tuyo. Pero piensas que son pocos días hasta el día de la paga. Ya tienes en mente apuntarte a clases de yoga. Lo necesitas porque un tal LEWIS NYLON lo recomienda. Tan solo rezas para que nadie lo haya visto y puedas ser el primero del grupo de amigos y gente del trabajo en hacerlo. Después otros te seguirán y lo mejor de todo es que te preguntaran y serás un maravilloso centro de atención durante unos días, hasta que la normalidad del yoga se convierta en un cúmulo de opiniones del que no se sale. Sueñas con que pase eso mientras sientes un leve hormigueo en la pierna. Estas medio dormido. De pronto te entra miedo. El día de paga quizás seas el tercero en apuntarte a clases de yoga y seas tu el que contribuya a que sea otro el centro de atención. El hormigueo sube hasta el estómago. El terror te embarga cuando te das cuenta de que en esos días el yoga sea lo normal y estés fuera de la conversación. De pronto te quedas paralizado. El hormigueo ha tomado forma de tarántulas en tu cara. La madre ha engordado mucho desde que la tiraste al water. Pensar que debías comprar el chal hizo que olvidaras tirar de la cadena. Tu cuerpo se hincha mientras el veneno conquista tu sangre. Pronto alcanzaras la diferencia que proporciona la muerte. Desconectado.

Te seguiré

noviembre 29, 2008

 

 

 

A mi mujer, que me anima a escribir y a seguir hacia adelante,

gracias Jasmin

 

 

Noviembre es un mes en el que la casa es un pozo negro iluminado por la banal pantalla del televisor y una estufa que no da calor al alma. Noviembre es el mes de la tristeza, de los zapatos mojados, de los rostros cubiertos por bufandas y cuerpos que se resguardan del frío con sus propios brazos mientras van camino del metro. Noviembre es un mes de trabajo frenético, marcado por el tráfico, los gritos, el mal humor, el pitido de un claxon que te viola y hojas caídas sobre el fondo gris de un cielo encapotado.

Así es Noviembre sin ti, por eso te seguiré con alegría hasta el fin.