Posts Tagged ‘diamantes’

Sesenta gigabites de memoria

enero 11, 2017

Prefiere no recordar eso. Nada importante. Una chica le ha declarado amor eterno pero no es la chica que quiere recordar. Preferiría recordar a una siliconada, labios gruesos, culo estrecho pero encurvado. No quiere recordar el amor. Preferiría recordar la fama del futbolista, del cantante, la velocidad de las autopistas, los estadios llenos coreándole. Rechazar recuerdos no es tarea difícil. Más difícil es conseguirlos pues hasta el momento ni tiene siliconada ni tiene un Ferrari con el que hacer peinetas a los que manejan un turismo mientras los adelanta. Por el momento solo es un turista del recuerdo exquisito que se acerca a los estrenos de cine para ver si acaece el recuerdo de la actriz que se enamora del que tiene recuerdos de cajero de supermercado o telefonista en un call center. No rechazaría el recuerdo del industrial exportador de maquinaria pesada que tiene villa en los Alpes para las vacaciones de invierno y mansionette en Ibiza para las de verano. Sí que le gusta recordar que le gustan los bogavantes y las vieras, las almejas y el limón. Una vez ganó un cupón para una mariscada. Le gustaría recordar las parrilladas de los sábados por la tarde en la playa de arenas blancas donde las invitadas juegan al volei en top less y tanga.

Se lamenta de los recuerdos que no pudo rechazar porque no era consciente de que los recuerdos ocupan un espacio y que este espacio podría ser importante tenerlo vacío cuando hubiere de recordar que guarda en la caja fuerte del palacete una magnum tallada en oro y un campo de tiro propio. En cambio tiene que recordar que Juanito le golpeó por idiota cuando tenía ocho años o que cuando tenía catorce cayó en un pozo ciego lleno de mierda. Afortunadamente no había nadie y solo lo recuerdan él y su madre, por lo que la vergüenza que aflora cuando lo recuerdan es menos, aunque su madre aún se burla. Recuerda como un momento feliz el día en que por primera vez pudo rechazar un recuerdo. No es posible hablar qué recuerdo rechazó, pero sí del recuerdo del rechazo. Se sintió libre de poder manejar los vacíos que guardar para los momentos en que pudiere oír el fino rugido de un jaguar antes de salir del garaje.

Por extraño que parezca sí recuerda como un momento feliz el día en que se dio cuenta de que de tanto guardar espacio para recuerdos exquisitos la habitación estaba vacía y prácticamente solo guardaba a Juanito y la mierda. Cierto es que recuerda con mal sabor los días en los que terminaba aferrándose al recuerdo de una paloma para al menos tener algo. La paloma además ofrecía la ventaja de no ocupar mucho espacio. EL recuerdo del diamante en la oreja esperaba. El recuerdo de los aplausos tras una ceremonia de oscars se hacía de rogar. No ha podido olvidar el tedio que sintió pero tampoco el momento feliz en que descubrió que podía construir los recuerdos deseados. Recuerda que salió a la calle y empezó a grabar las grandes mansiones y se las guardaba para después en casa poder construir una ensoñación en la que la criada trae el desayuno y la modelo que conoció la noche anterior le remueve el café y le sirve el zumo. Recuerda la euforia que surgió cuando pudo aplicar una ensoñación sobre una fotografía y guardarlo como memoria. Yo estuve allí.

Saturado de recuerdos acude todos los días a la cafetería de la esquina donde el camarero Lorenzo le atiende de usted y cuando no tiene mucho trabajo observa las fotografías de cuando, en un arrebato, decidió dar la vuelta al mundo con el jet y fotografiar la geografía terráquea desde lo alto. Lorenzo lo admira mientras confirma los recuerdos. Sí, yo estuve allí, yo lo hice. Cuando Lorenzo libra es la camarera Felicia la que toma el relevo, aunque ésta le mira con escepticismo cuando escucha que una vez, después de ganar la medalla de los cien metros, pudo coronarse en la prueba de los doscientos. Dos oros en menos de una hora, único en la especie.

Felicia no tiene el aguante que tiene Lorenzo, el cual es capaz de estar escuchando durante horas su primer safari en Kenia, donde cayeron en un mismo día un elefante, un guepardo y una hiena, cuyas cabezas descansan en la cabaña de St Moritz. Felicia a lo sumo escucha media hora que una vez tuvo la suerte de estrechar la mano del presidente americano. Cuando se cansa lo corta simplemente marchándose y buscándose una tarea. Sin embargo, Felicia parece que esta vez trae un rencor de casa y lo paga con él al decirle que sus recuerdos son una puta mierda, que son recuerdos de revista del corazón, falsos como la vida misma. Azorado, paga la consumición y se levanta. Se siente mareado, lo cual no le impide salir a la calle pero sí atender al semáforo en rojo. Frenazo y golpe. Se dice a sí mismo  que si quedan cicatrices no va a poder rechazar el recuerdo del accidente. Nunca lo sabrá. Los ojos se apagan y ahora encara el momento en que la vida debe pasar por delante de sus ojos. Juanito, el pozo de mierda y la burla de su madre se repiten en bucle hasta que la voz de Felicia le indica la dirección a tomar para encarar la luz que hay al final del túnel.

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Eichmann en Wall Street

octubre 17, 2012

“Jamás he matado a un ser humano. Jamás di órdenes de matar a un judío o a una persona no judía…

Sencillamente, no tuve que hacerlo.”

Adolf Eichmann.

Recurre a las páginas de encuentros sexuales. Cien por cien gratis. Regístrese y folle esta noche. Miles de mujeres esperan. Mira el buzón de mensajes. Todo son apelaciones a subir de nivel y tener acceso completo e ilimitado a todos los perfiles. Después intenta chatear, pescar algo para el privado, para el dialogo a dos, lejos de la frenética sala principal.

Lanza su mensaje. Lanza un mensaje con demasiados pseudónimos detrás, demasiado general, demasiado desesperado. Pero no se le ocurre nada original que pueda enganchar a alguna chica. Un vistazo a las proporciones indica que hay cinco hombres por cada mujer. Sube de nivel, le vuelven a recomendar. Apaga.

Ha llegado la mujer con los niños. Los posibles gemidos de la pantalla se trastornan en alboroto infantil por unos dibujos traídos de la escuela y bajo el motivo cómo es tu papa. La niña enseña un monigote vestido de superman en los mamarrachos coloristas de una oficina. Sabe por las gafas que es él.

 

Superman en la oficina. Compra acciones. Vende acciones. Busca inversores. Señora Galíndez, sabemos que tiene unos ahorrillos que puede hacerlos crecer. Señor Arteta, nosotros le garantizamos un cinco por ciento anual y un dos por ciento de variables. Cuelga el teléfono. Tiene que entregarle los movimientos de la mañana al supervisor. Después la pausa.

Una salchicha, a veces con kétchup, a veces con mostaza. Un trozo de pan de centeno. No obstante, hay días que se siente más hambriento y prefiere acercarse a los restaurantes de la zona en busca de un menú con dos platos más café y bebida. Los días de mucha hambre siempre escoge spaghetti boloñesa de primero y chuleta de cerdo plancha de segundo. Una vez al mes el supervisor le invita a esos mismos restaurantes. Aquí suele salirse del menú y pedir pescado. Después asiente a su balance mensual y recibe el montante de las comisiones que le pertenecen. Termina la pausa.

 

El buscador arroja imágenes de batallas de la era moderna, de mapas con puntos calientes, combates en tiempo real, disparos en videos amateurs. Pronto se aburre y se le ocurre lanzarse de nuevo al chat. La probabilidad siempre está ahí. Prueba primero con más de treinta y cinco. Intenta establecer conversación privada con cada nombre que parezca femenino, pero se deja llevar por la desilusión cuando solo responde Paca cuarenta y ocho, que en realidad es un hombre que se ha equivocado en la letra.

Intuye que si sube de nivel las probabilidades aumentaran, ya que podrá responder a todas esas interesadas en su perfil y que han dejado un mensaje pidiéndole un e-mail de contacto. No obstante, teme dar los datos de su tarjeta. Teme dejar un rastro con el que la mujer, que ahora entra por la puerta, pueda descubrir sus intenciones de infidelidad. Más fácil es ir de putas. Apaga.

Los niños corren a sus piernas y las abrazan con fuerza. Siempre papi llega antes y puede recibirlos en el salón. La casa se inunda de alegría. Hoy hay pizza para celebrar que el pequeño ha ganado un concurso de redacción. Mi papá es un hombre muy fuerte que siempre nos trae un regalo los domingos. Mamá siempre dice que es el más fuerte del mundo y yo sé que es el más fuerte del mundo porque es capaz de levantar las toneladas de amor que nos da.

 

El hombre más fuerte del mundo en la oficina. Hoy no compra. Hoy apenas vende, aunque permanece atento por si de pronto se producen movimientos bruscos. Hoy prefiere estudiar los informes sobre las previsiones de producción de maíz, soja, trigo, arroz para el año que viene. Se prevé un año seco en los grandes centros de producción. También recibe con regocijo la ruptura de las conversaciones de paz y confirma su apuesta por un paquete de acciones que agrupan a fabricantes de armas de asalto. Tiene que entregarle los movimientos de la mañana al supervisor. Ya se sabe que hoy es un día de estudio, lo cual justifica los escasos movimientos realizados. Después la pausa.

Como las moscas a la mierda, piensa, en las pausas de los días de estudio todos se buscan. Los compañeros tienen otras informaciones, otras intenciones, otras justificaciones. Un año seco siempre sube los precios. Hay que comprar ahora. Hay que comprar las reservas y guardarlas, o venderlas justo en el que la subida de precio toca techo e inicia su caída. Como siempre las armas son un valor seguro, siempre al alza. Pese a que cada uno paga su parte, en las comidas de los días de estudio corre el vino y las demostraciones de simpatía.

 

No se arrepiente de haber utilizado finalmente la tarjeta. Ha dado el paso y mantiene intercambio de mensajes con una estadounidense que va a estar en la ciudad tres meses y necesita compañía sexual sin ataduras; y con una viuda joven, fumadora, que de vez en cuando necesita aliviarse sin faltar a la memoria del difunto. Se las está trabajando. Palabras suaves. Decir en qué trabaja ayuda a aumentar el interés. Es un trabajo en el que nunca te aburres. ¿Y qué te gusta hacer? Y cambiando de tema: ¿Cuál es tu postura favorita?

Cuando ellas no están en línea se dedica a mirar perfiles que antes estaban vedados en la subscripción gratuita. Flirtea, lanza guiños, a veces deja un mensaje que busque captar el interés. Sabe que si sube una foto puede conseguir que ellas dejen los mensajes. Pero por el momento no se atreve a subirla, pues teme que amigas de su mujer muerdan en su perfil. Por lo demás, cree que el uso de la tarjeta puede esconderse mientras no deje rastro en el historial de búsquedas. Apaga.

Llega la mujer, sin los niños, que duermen en casa de la abuela. Hoy es un día especial, para lo cual ha recibido algo especial. Va al armario y coge una pequeña cajita. Ella, ajena, deja el bolso, se quita la chaqueta y coge de la nevera un refresco, después parece que piensa. Hoy en la calle un grupo de jovencitas la ha abordado con la pregunta: ¿Qué es tu marido para ti? Una tarjeta de crédito, una sonrisa al llegar del trabajo, nervioso en la ducha, seguro en el sexo y ¡un diamante! Diez años recibiendo regalos. Talla oval. Abren una botella de champagne.

 

El diamante en la oficina. Hoy solo compra en el mercado de armas de asalto. Consigna del supervisor. Alta prioridad. El supervisor informa que se avecina una guerra. Mañana hay reunión de la ONU. Los fabricantes han doblado la producción ante la necesidad de armar a los grupos opositores de los gobiernos dictatoriales. El dinero de la señora Galíndez apoya la consigna. Gracias al señor Arteta puede comprar un paquete que espera que se encarezca en dos horas. De pronto el supervisor ordena dejar de comprar. No hay que vender tampoco. Hay que esperar el desarrollo de los acontecimientos y confirmar que la apuesta por la guerra ha sido la acertada. La tarde, después del frenesí matutino, se promete rutinaria. Entrega los movimientos de la mañana al supervisor. Después la pausa.

El estómago está cerrado. Nadie se acerca al restaurante, ni al puesto de salchichas, ni al establecimiento de comida rápida. Algunos compañeros se le acercan. No hay hambre, hay tensión. Siempre existe el riesgo de que la situación se suavice y el ataque se posponga. Una guerra siempre es buena cuando se invierte en el mercado armamentístico. No obstante, los días de consigna, si todo sale bien y los acontecimientos se suceden, prometen grandes comisiones; de modo que todos más o menos se muestran optimistas al recordar que el último día de consiga trajo consigo, a parte de las comisiones correspondientes, el diamante con certificado GIA como suplemento. Todos coinciden en que un atentado terrorista haría irreversible la subida de los paquetes recién comprados. ¿A qué esperáis chicos? Termina la pausa.