Posts Tagged ‘guerra’

Mapa interactivo de la muerte

septiembre 3, 2016

Muchas formas hay de morir y ninguna parece agradable. Quizás lo agradable sea ponerse en la piel del agente que causa la muerte. Si es de los que piensa así, déjese sumergir en nuestro mapa interactivo de la muerte, en donde con un solo clic puede elegir cualquier ciudad del mundo, cualquier calle del mundo, cualquier habitante del mundo y desearle o adjudicarle, entre un abanico casi infinito de opciones, fecha y modo de muerte. Pero eso no es todo, ya que la aplicación permite, por un módico precio, formar conjuntos de individuos y someterlos a una letal hambruna o enfrentarlos entre si y dejar que el azar de las balas acabe con todos ellos. Déjese llevar por la tentación de organizar un genocidio o encarezca los precios del trigo que elimine de una tacada a todos aquellos que no puedan pagarlo. Pero si la guerra y la sequía no es lo suyo, recurra al clásico cáncer de pulmón y juegue con la ironía de optar por alguien que ni fumaba ni bebía y recorría diez kilómetros al día. ¿Por qué no ese vecino tan pesado y musculoso que presume de salud? Miles de opciones, miles de combinaciones entre las que no puede faltar la exclusiva posibilidad de planificar su propia muerte. Que nadie elija por usted y descárguese ya nuestro mapa interactivo de la muerte.

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Trípoli y Fukushima

marzo 25, 2011

http://rebelion.org/noticia.php?id=124984

Decepciones

noviembre 3, 2010

Aplausos, Hermenegildo Santiagosa es un albañil de treinta y cuatro años que explica a la presentadora del programa VIDAS, Candela Daoudbwali, cómo perdió a su mujer y a sus hijos por culpa de la cocaína. Ahora quiere una segunda oportunidad, pues sigue enamorado y ya se ha rehabilitado. Lo que no sabe Hermenegildo Santiagosa es que Maria Rosa Verdinéz, su ex –mujer, ha rehecho su vida con Facundo Smith, un acaudalado hombre de negocios que quiere a los hijos de ellos como si fueran propios. El tema del día se llama DECEPCIONES y con esta palabra se configura el rostro de Hermenegildo cuando ve aparecer al radiante hombre de la que aún considera su mujer mostrando su reloj de oro y afirmando que él ofrece calidad de vida y una actitud responsable frente a una vida desorganizada con apariencia de rehabilitación. Después de unas palabras de consuelo Candela da paso a Martxelo Gudari, aplausos, el cual entre sollozos amanerados narra cómo en una noche loca engañó a su novio con tres compañeros de trabajo y ahora necesita confesarlo. Después de esto Candela pide a Martxelo que abandone el plató para dar paso a Mohammed Xian, aplausos, el cual solo tiene palabras de amor hacia Martxelo, pues no solo es el amor de su vida, sino el que le ha dado estabilidad emocional y un punto de madurez y responsabilidad que hace que sus padres se sientan orgullos de él, cosa que nunca había ocurrido hasta el momento. Todo esto cambia cuando aparece el rostro de arrepentimiento de Martxelo en una pantalla, aplausos, y confiesa su falta, al final pide perdón. Mohammed rompe en histéricas lágrimas y abandona rabiosamente el plató al tiempo que Martxelo vuelve y afirma que era una reacción que esperaba. Candela confiesa la esperanza de que se arreglen pues hacen una bonita pareja y después da paso a José Antonio Cosí y Manuela Esparza, aplausos, padres que presumen de Lisa Cosí Esparza, niña de dieciséis años de edad con el mejor expediente académico del país además de nadadora que sacrifica su juventud para prepararse para los próximos juegos olímpicos, en donde cuenta con posibilidades de obtener una medalla. Los rostros de los padres mudan de expresión cuando aparece Lisa, aplausos, y anuncia entre temblores los resultados positivos de un análisis de VIH así como de un embarazo en su tercer mes de gestación. Pero eso no es todo, pues Candela da la orden de que aparezca Joseba Gross, aplausos, heroinómano parado con hepatitis C incluida y al que Lisa declara su amor incondicional y hasta la muerte mientras se abrazan y se besan delante de los desencajados padres. Candela aconseja que hablando quizás se reconstruya la felicidad de la familia y de manera solmene da paso al último invitado del día, el general Francisco Hernández de la Varselleta, aplausos, jefe del estado mayor y ministro de guerra, el cual con graves palabras anuncia la ruptura unilateral de las negociaciones iniciadas con el enemigo, la movilización general y el establecimiento de un toque de queda entre las 18 horas hasta las 6 horas. La paz ha terminado, aplausos y títulos de crédito.

Un solo movimiento

diciembre 1, 2009

“Eres tan puro en el bien como yo lo soy en el mal”

Calígula. Albert Camus

La garita es precaria. Solo cuenta con una botella de agua y el tiempo de una larga noche. Se dice que tranquilo, que estamos en paz. Tan solo tiene que recordar el santo y seña. ALBA Y OCASO. Si alguien no lo dice bien debe repetirse. El protocolo ordena que sin alerta debe disparar al cuarto intento fallido. Con alerta no hay segundas oportunidades. Se acerca un coche. ALBA Y OCASO, ACCESO PERMITIDO. Saluda con rectitud. Pese a la paz cada candidato a entrar supone un momento de tensión. Nunca se sabe. En las dos primeras semanas de entrenamiento continuamente habían recalcado que la vida del soldado estaba marcada por la incertidumbre y que por ello detrás de cada acontecimiento, y como primera valoración, debía sospechar una guerra. Se acerca una furgoneta negra. ALBA Y OCASO. De ella desciende un superior y le escruta, después le ordena que suba a la parte trasera, esgrimiendo una circular del general en la que le autoriza a abandonar su puesto de guardia. Se sienta enfrente de dos compañeros que custodian un cuerpo encapuchado y maniatado. No se atreve a preguntar qué ocurre. El ruido del motor, con sus acelerones y frenadas, concentra la atención de todos.  Finalmente se detiene. El superior abre la puerta y ordena que bajen. El reo es empujado hacia fuera y cae. Después lo ayudan a levantarse. Caminan unos veinte metros, hasta llegar a una fosa iluminada por la luna. El superior pregunta al reo por su último deseo y éste responde que quiere ver las caras de sus asesinos. Le quitan la capucha. El rostro amoratado del reo no implica súplica alguna. Más bien parece una aceptación desafiante del destino. No obstante, hay en sus ojos una inquebrantable voluntad de seguir viviendo. El reo intenta capturar las huidizas miradas sin éxito. El superior carga una pistola, se la entrega y pronuncia un cortante pero explícito “proceda”. La mano tiembla al cogerla. No se atreve a disparar, y para ganar tiempo finge que examina la pistola. El superior comprende la demora y afirma que se trata de algo necesario. La patria está en peligro. La paz es aparente. La seguridad de la patria se decide en las noches subterráneas. Ahora el “proceda” suena más perentorio. Posa la boca de la pistola en la nuca del reo. El índice acaricia el gatillo. Piensa que es más sencillo de lo que parece. Tan solo tiene que apretar. Un  solo movimiento mecánico, físico, seco, amoral y amparado por la voz de la autoridad. El reo respira ahora con mayor ansiedad. El superior recuerda que el soldado no tiene ningún derecho a poner en duda la voz de mando. El soldado actúa, acata, dispone. La seguridad de la patria no admite sensiblerías. El “proceda” suena ahora como una amenaza. Piensa que no le queda otra. O tú o él. Una lágrima desciende por su mejilla. Se dispara.