Posts Tagged ‘muchedumbre’

El hombre sin puesto

junio 23, 2016

No tengas miedo, no te decepciones. No estamos valorando tus capacidades sino tu adecuación al puesto. Había gente mejor preparada que tú. No tengas miedo, no te decepciones. Sigue presentando candidatura. Nosotros necesitamos a muchos, ya que de esa muchedumbre siempre sobresale uno adecuado. Quién sabe, quizás seas tú o el de al lado y puedas decir que estuviste cerca, muy cerca, tan cerca que la próxima vez serás tú. NO tengas miedo, no te decepciones. No solo ofertamos un único puesto en una única especialidad. A veces nos enorgullecemos de lanzar una oferta de trescientos puestos vacantes. Es ahí donde tienes más posibilidades. Rey solo hay uno pero entre trecientos no hay rey. No tengas miedo, no te decepciones.

Asústate, decepciónate. No has sido capaz de adecuarte a ningún puesto. Ni siquiera para el puesto de más de mil vacantes con el que pudimos presumir varias semanas conseguiste destacar sobre los otros que quedaron fuera. Asústate, decepciónate. Después de mucho cavilar y sentir la incapacidad de encontrarte un puesto podemos sentirnos contentos de haber encontrado uno. Nadie quiere ocuparlo y hemos pensado en ti. Asústate, decepciónate. Debes pensar que para una agencia como la nuestra encontrar un puesto adecuado al hombre sin puesto supone un motivo de celebración desbocada. Asústate, decepciónate. Así que tras valorar tus capacidades nos congratula anunciar que las pirañas esperan en el estanque. Salta.

Un segundo cualquiera

mayo 21, 2012

Todo ocurre en un segundo. El disparo y el impacto de la bala. Un segundo que condensa en sonido millones de palabras vertidas sobre el nervio y que formaban el tiempo previo a la condensación, su proceso. Condensación de la que no se fue capaz de controlar la presión. Todo estalla. El impacto es sobre el corazón. Un dedo el que aprieta el gatillo. El gas queda liberado y todo se vaporiza con las crecientes sirenas. Una ambulancia es inútil por lo que cabe suponer que solo es menester poner las esposas, ya que no hay huída sino una asunción de lo hecho surgida de la lógica del sentimiento. Un suspiro de alivio, liberador. Todo ello pese a la detención, pese a la  culpabilidad manifiesta y manifestada, sin vacilación, con un deje calmo, en el que se adivina el descanso después de un tiempo tenso, febril, agitado. Es el descanso del culpable, que vacío sube al coche de la policía y mira con ojos perdidos a la muchedumbre que rodea y comenta. Ni siquiera los primeros flashes y focos le perturban. Se ha liberado de sí mismo. Al cabo de los días dirán que era un loco. Pero él sabe que ha dejado salir al diablo, que se lo ha sacado, y que la única forma de hacerlo era mediante un homicidio arbitrario.