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PARLEM/HABLEMOS

octubre 7, 2017

“Ya verás, ya verás, Gabrielillo, lo que te digo. Aquí vamos a ver cosas gordas y es preciso que estemos preparados, porque de nuestros reyes nada se debe esperar y todo lo hemos de hacer nosotros”.

Pacorro Chinitas. Cap XXI. La corte de Carlos Carlos IV. Episodios Nacionales.

Benito Perez Galdós.

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El fin del mundo

septiembre 25, 2017

Llega cansado a casa. La calle es una continua violación de bocinazos, murmullo, zapateo, motores, politonos del teléfono, gasolina, colegiales en excursión al museo, adventistas del apocalipsis. Cierra la puerta y se hace el silencio. El trabajo es un continuo ir y venir de preguntas sobre cancelaciones de contrato, nuevos abonamientos, quejas por una facturación excesiva y procedimientos para darse de baja. Las respuestas que salen de su boca tienen que estar envueltas por la amabilidad, la paciencia, y si se hace necesario el peloteo. Enciende la luz y se deja caer en el sofá. El silencio pacifica el alma. No quiere escuchar nada hasta mañana, cuando el gorjeo de la cafetera le da energías para salir y enfrentarse al tranvía. Allí volverá al ruido y a las ganas inquebrantables de mandar a todo el mundo por el culo. Pero hasta entonces se estirará un ratito más en el sofá y después escuchará con placer el chispeante sonido de las chuletitas de cordero a la plancha.

Pero todo el encanto se rompe cuando una mosca decide que debe penetrar su oído y el siseante sonido de las alas hace que agite con violencia y rabia la cabeza. Creía que había matado todas las moscas que se atrevieron a instalarse en su casa. Creía haberse deshecho de todas después de una lucha sin cuartel con el insecticida y el periódico gratuito de la tarde. Pero quedaba una y después de buscar su oreja busca sus fosas nasales. Va rápido a la cocina a coger el spray. Pero la mosca no le deja en paz y revolotea, terca,  buscando sus agujeros visibles. Tiene que cerrar la boca. La mosca parece un kamikaze japonés. ¿Querrá venganza por sus compañeras muertas? Esta pregunta hace que el dedo se detenga antes de accionar el botón. Nota ensañamiento en la mosca. Ataca una y otra vez a pesar de los manotazos. ¿Por qué no suponer voluntad de venganza en la mosca? Ha gaseado a toda su familia y ahora está sola y la genética ya no puede seguir su curso natural. Está encerrada en esta casa sin otras moscas con las que procrear. El destino natural se ha quebrado y solo le queda suicidarse atacándole de manera ciega. Es el fin del mundo para la mosca.

Vuelve al sofá para comprobar que la mosca no le deja en paz a pesar de que ha dejado las chuletas de cordero sobre la encimera, ahí, fresquitas, apetitosas. Y así es. La mosca, como queriéndole hacer creer que descansa sobre su cabeza, propicia que se dé un manotazo que le mueve a acabar con todo. Guerra química. Aprieta el botón. La mosca parece haberse emborrachado y la velocidad de los ataques se ralentizan, aunque no cejan. Emborrachado el mismo por la victoria difiere el momento en que asestara el golpe definitivo con el periódico. Ahora es más fácil que nunca. Pero quiere observar como pierde fuerzas y cae panza arriba sobre la mesa. Quiere escuchar el sonido de las patas agitándose antes de ser aplastada por la noticia de un huracán devastador en el caribe. Eres la última. Imbuido del orgullo del vencedor se atreve a abrir la boca para decir que fue una mosca valiente pero… Antes de que puede acabar el discurso la mosca realiza un esfuerzo final y logra colarse por la boca hasta los pulmones. Entonces ambos cuerpos colapsan y el último ruido que se escucha es el del ahogamiento.

Hacer el bien

mayo 26, 2017

Una cámara de vigilancia por sí misma no presupone nada. Quién sí presupone es el ojo que observa la pantalla. Y lo que presupone en un primer momento es que cualquiera de los que pasan por la zona vigilada puede cometer un delito. La cámara registra tanto el estado de inocencia como el estado de infracción, pero es el ojo que interpreta la imagen el que salta cuando se produce la infracción. Ante la inocencia permanece pasivo. La inocencia no es relevante para el vigilante y eso, mientras come un perrito caliente frente a la cámara, le parece una carencia. Si ante el delito se castiga, ¿por qué no se premia la inocencia? Se pregunta por qué el ojo vigilante no premia a quien hace el bien y queda registrado por la cámara. Así, terminado el perrito, se decide a hacer el bien delante de la cámara de vigilancia hasta que alguien reaccione y le aplauda, por lo menos. Eso sí, alguien que parezca que es el ojo que vigila la imagen que arroja la pantalla. El escándalo del crimen debe ser compensado por el escándalo del bien, se dice a sí mismo.

¿Cómo hacer el bien en una zona donde la gente está de paso, cargada de bolsas y presurosa por ir a sus coches? Parece que nadie necesita ayuda hasta que observa a una viejecita encorvada que apenas puede arrastrar las bolsas de la compra. Se ofrece a llevarle las bolsas hasta la parada del tranvía. Está seguro de que el ojo ha visto eso. Otra oportunidad surge cuando a una mujer que además de cargar con la compra carga con dos pequeños se le desparraman las bolsas. Piensa que es seguro que la cámara ha registrado desde la primera naranja que ha recogido hasta la bandeja de chuletas de cordero como colofón a una bolsa que, según su opinión, esta sobrecargada, por lo que se ofrece a traerle otra. Rechaza los veinte céntimos que la mujer ofrece y se aleja de la cámara convencido de que esta acción es determinante. Sin embrago, la moral se viene abajo cuando tiene que actuar no de manera desinteresada sino para reparar el desastre de las bolsas de la compra que ha roto tras despistarse y chocar con una niña pequeña que por inercia se ha dado de bruces con las bolsas que llevaban sus padres. Le tranquiliza que acepten sus disculpas y que asuma los costes de las bolsas destruidas. Se alejan y al cabo de unos minutos se acercan dos agentes de seguridad. ¿Puede acompañarnos?

¿Quién es tu cómplice? No entiende, pero cuando llegan al cuarto y le muestran las imágenes del incidente con la familia intenta explicarse: Me he despistado, solo eso. No era mi intención romperles las bolsas. ¿Te he preguntado que quién es tu cómplice? La voz del guardia suena amenazadora. No tengo cómplices. No entiendo. He venido solo. Quería ayudar a la gente de manera desinteresada delante de la cámara porque me parecía una carencia que no se premiara el hacer el bien. En cierta forma era una acción reivindicativa. El choque con la familia ha sido un error. Suda. Los nervios erizados. ¿Te crees que somos tontos? Entonces uno de los guardias reproduce el video y señala a un hombre que aprovecha el lío de las bolsas rotas para robar al marido la cartera del bolsillo trasero del pantalón. No puede creerlo. Es una confusión, aunque las imágenes parezcan claras. Los guardias de vigilancia se callan cuando llega la policía y les dan la grabación como prueba. De momento se niega a identificar a su compañero, informan. Es una confusión, balbucea mientras le esposan y le informan de que tiene derecho a permanecer en silencio y a un abogado de oficio en caso de no disponer de uno propio.

Los trocitos que faltan

marzo 23, 2017

Nunca le dijo, cuando novios, cuando era momento de las listas del me gusta y no me gusta para celebrar las coincidencias, que le molestaba que mientras preparaba la comida ella picara de los trocitos que quedan sueltos y con ello le arrebatara a EL quizás el trozo más delicioso que pudiera caer en el plato. Le molesta incluso que se meta en esa bocaza trocitos de zanahoria que EL tanto detesta. Pero ella debería saberlo. Es su obligación. Es una cuestión de respeto que ella le escamotee a EL los trocitos de jamón que faltan. Hay cosas que no se dice, se presuponen, y si se llega al extremo de decirlas es que la falta de respeto ha llegado a ser intolerable. Ahora ya lo sabe. No volveré a hacerlo si tú no lo vuelves a hacer. Te quiero. EL se lamenta de que le duele la mano.

Nunca le dijo, ni siquiera en la noche de novios, que le molestaba que ella llevara falda corta. Lo que pasa es que cuando novios la falda corta, cuando estaban solos en el coche, se convertía en otra cosa y era, antes de que ella subiera a casa de sus padres, las manos en la entrepierna y las tetas. Pero ahora la mano le duele porque ella se creía con el derecho de salir a tomar un café con su madre con falda corta, lo cual multiplicará los ojos que pensarán que es una puta facilona. ¿No lo entiendes? Solo yo tengo derecho a mirarte como a una puta facilona, MI puta facilona. Ella ya sabe que EL no lo volverá a hacer si ella no se vuelve a poner falda corta. Te quiero. La mano se está encalleciendo ante tantas faltas de respeto.

Vuelven a faltar trocitos de pollo y ha descubierto que el hecho de que ella se ponga pantalones vaqueros a EL no le gusta. Debes cambiarte. Nuevo dictamen. La mano se levanta una vez por los trocitos de pollo que faltan y otra para que entienda el sentido de la nueva regla. Lo de los trocitos de pollo le molesta especialmente, pues supone una repetición consciente del delito y levanta otra vez la mano. Sin embargo, esta vez solo amaga, porque el hecho de que ella, con voz de labio partido y pómulo hinchado, cuchillo en mano, le pida que se vaya o llamará a la policía exige mayor sanción. Puño. Nudillos. Hay que atajar la rebelión. Pero la rebelión se ha extendido desde la nariz quebrada al filo del cuchillo y EL no acaba de comprender, mientras se desangra, por qué ella no ha sido capaz de respetar el orden.

Sesenta gigabites de memoria

enero 11, 2017

Prefiere no recordar eso. Nada importante. Una chica le ha declarado amor eterno pero no es la chica que quiere recordar. Preferiría recordar a una siliconada, labios gruesos, culo estrecho pero encurvado. No quiere recordar el amor. Preferiría recordar la fama del futbolista, del cantante, la velocidad de las autopistas, los estadios llenos coreándole. Rechazar recuerdos no es tarea difícil. Más difícil es conseguirlos pues hasta el momento ni tiene siliconada ni tiene un Ferrari con el que hacer peinetas a los que manejan un turismo mientras los adelanta. Por el momento solo es un turista del recuerdo exquisito que se acerca a los estrenos de cine para ver si acaece el recuerdo de la actriz que se enamora del que tiene recuerdos de cajero de supermercado o telefonista en un call center. No rechazaría el recuerdo del industrial exportador de maquinaria pesada que tiene villa en los Alpes para las vacaciones de invierno y mansionette en Ibiza para las de verano. Sí que le gusta recordar que le gustan los bogavantes y las vieras, las almejas y el limón. Una vez ganó un cupón para una mariscada. Le gustaría recordar las parrilladas de los sábados por la tarde en la playa de arenas blancas donde las invitadas juegan al volei en top less y tanga.

Se lamenta de los recuerdos que no pudo rechazar porque no era consciente de que los recuerdos ocupan un espacio y que este espacio podría ser importante tenerlo vacío cuando hubiere de recordar que guarda en la caja fuerte del palacete una magnum tallada en oro y un campo de tiro propio. En cambio tiene que recordar que Juanito le golpeó por idiota cuando tenía ocho años o que cuando tenía catorce cayó en un pozo ciego lleno de mierda. Afortunadamente no había nadie y solo lo recuerdan él y su madre, por lo que la vergüenza que aflora cuando lo recuerdan es menos, aunque su madre aún se burla. Recuerda como un momento feliz el día en que por primera vez pudo rechazar un recuerdo. No es posible hablar qué recuerdo rechazó, pero sí del recuerdo del rechazo. Se sintió libre de poder manejar los vacíos que guardar para los momentos en que pudiere oír el fino rugido de un jaguar antes de salir del garaje.

Por extraño que parezca sí recuerda como un momento feliz el día en que se dio cuenta de que de tanto guardar espacio para recuerdos exquisitos la habitación estaba vacía y prácticamente solo guardaba a Juanito y la mierda. Cierto es que recuerda con mal sabor los días en los que terminaba aferrándose al recuerdo de una paloma para al menos tener algo. La paloma además ofrecía la ventaja de no ocupar mucho espacio. EL recuerdo del diamante en la oreja esperaba. El recuerdo de los aplausos tras una ceremonia de oscars se hacía de rogar. No ha podido olvidar el tedio que sintió pero tampoco el momento feliz en que descubrió que podía construir los recuerdos deseados. Recuerda que salió a la calle y empezó a grabar las grandes mansiones y se las guardaba para después en casa poder construir una ensoñación en la que la criada trae el desayuno y la modelo que conoció la noche anterior le remueve el café y le sirve el zumo. Recuerda la euforia que surgió cuando pudo aplicar una ensoñación sobre una fotografía y guardarlo como memoria. Yo estuve allí.

Saturado de recuerdos acude todos los días a la cafetería de la esquina donde el camarero Lorenzo le atiende de usted y cuando no tiene mucho trabajo observa las fotografías de cuando, en un arrebato, decidió dar la vuelta al mundo con el jet y fotografiar la geografía terráquea desde lo alto. Lorenzo lo admira mientras confirma los recuerdos. Sí, yo estuve allí, yo lo hice. Cuando Lorenzo libra es la camarera Felicia la que toma el relevo, aunque ésta le mira con escepticismo cuando escucha que una vez, después de ganar la medalla de los cien metros, pudo coronarse en la prueba de los doscientos. Dos oros en menos de una hora, único en la especie.

Felicia no tiene el aguante que tiene Lorenzo, el cual es capaz de estar escuchando durante horas su primer safari en Kenia, donde cayeron en un mismo día un elefante, un guepardo y una hiena, cuyas cabezas descansan en la cabaña de St Moritz. Felicia a lo sumo escucha media hora que una vez tuvo la suerte de estrechar la mano del presidente americano. Cuando se cansa lo corta simplemente marchándose y buscándose una tarea. Sin embargo, Felicia parece que esta vez trae un rencor de casa y lo paga con él al decirle que sus recuerdos son una puta mierda, que son recuerdos de revista del corazón, falsos como la vida misma. Azorado, paga la consumición y se levanta. Se siente mareado, lo cual no le impide salir a la calle pero sí atender al semáforo en rojo. Frenazo y golpe. Se dice a sí mismo  que si quedan cicatrices no va a poder rechazar el recuerdo del accidente. Nunca lo sabrá. Los ojos se apagan y ahora encara el momento en que la vida debe pasar por delante de sus ojos. Juanito, el pozo de mierda y la burla de su madre se repiten en bucle hasta que la voz de Felicia le indica la dirección a tomar para encarar la luz que hay al final del túnel.

Un cuento solidiario

diciembre 27, 2016

Un cuento solidario. Los beneficios obtenidos por este ebook se destinarán íntegramente a la ONG War Child, que trabaja en doce países desde Colombia a Oriente Medio para atender a niños y niñas afectados por conflictos armados.

Un viaje vital de lo material a lo esencial, de lo fantástico a la realidad.

Por y para niños.

El zapato de Agustín esta inspirado en Buenos Aires, una ciudad evocadora de la que los niños pueden disfrutar de su fantasía y los adultos pueden recorrer lugares y detalles históricos.

https://www.dyskolo.cc/breve/nb009/

Novedades Dyskolo: Dias de bruma

octubre 4, 2016

Descarga: http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib022/

Lía Ayuso, una joven profesora de filosofía, trata de retomar su vida tras la partida de Juan Martín y su reciente maternidad.

A través de sus recuerdos desde la infancia va construyendo a retazos una experiencia existencial donde su familia, sus amigos de colegio y universidad, sus experiencias laborales y sus escarceos amorosos convergen en el punto donde su vida cobra sentido y la bruma se disipa.

Con una cercanía y unos recursos sorprendentes Patricia Terino consigue en Días de bruma, su primera novela, trasladarnos al mundo interior de su protagonista, en lucha con la dura realidad que a todos nos toca vivir.

RESEÑA: http://andaluciaaldia.es/dias-bruma-una-novela-sencilla-hermosa-veces-dura-siempre-intensa

Todos contentos

septiembre 8, 2016

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=216463

http://kaosenlared.net/todos-contentos/

Mapa interactivo de la muerte

septiembre 3, 2016

Muchas formas hay de morir y ninguna parece agradable. Quizás lo agradable sea ponerse en la piel del agente que causa la muerte. Si es de los que piensa así, déjese sumergir en nuestro mapa interactivo de la muerte, en donde con un solo clic puede elegir cualquier ciudad del mundo, cualquier calle del mundo, cualquier habitante del mundo y desearle o adjudicarle, entre un abanico casi infinito de opciones, fecha y modo de muerte. Pero eso no es todo, ya que la aplicación permite, por un módico precio, formar conjuntos de individuos y someterlos a una letal hambruna o enfrentarlos entre si y dejar que el azar de las balas acabe con todos ellos. Déjese llevar por la tentación de organizar un genocidio o encarezca los precios del trigo que elimine de una tacada a todos aquellos que no puedan pagarlo. Pero si la guerra y la sequía no es lo suyo, recurra al clásico cáncer de pulmón y juegue con la ironía de optar por alguien que ni fumaba ni bebía y recorría diez kilómetros al día. ¿Por qué no ese vecino tan pesado y musculoso que presume de salud? Miles de opciones, miles de combinaciones entre las que no puede faltar la exclusiva posibilidad de planificar su propia muerte. Que nadie elija por usted y descárguese ya nuestro mapa interactivo de la muerte.

El hombre sin puesto

junio 23, 2016

No tengas miedo, no te decepciones. No estamos valorando tus capacidades sino tu adecuación al puesto. Había gente mejor preparada que tú. No tengas miedo, no te decepciones. Sigue presentando candidatura. Nosotros necesitamos a muchos, ya que de esa muchedumbre siempre sobresale uno adecuado. Quién sabe, quizás seas tú o el de al lado y puedas decir que estuviste cerca, muy cerca, tan cerca que la próxima vez serás tú. NO tengas miedo, no te decepciones. No solo ofertamos un único puesto en una única especialidad. A veces nos enorgullecemos de lanzar una oferta de trescientos puestos vacantes. Es ahí donde tienes más posibilidades. Rey solo hay uno pero entre trecientos no hay rey. No tengas miedo, no te decepciones.

Asústate, decepciónate. No has sido capaz de adecuarte a ningún puesto. Ni siquiera para el puesto de más de mil vacantes con el que pudimos presumir varias semanas conseguiste destacar sobre los otros que quedaron fuera. Asústate, decepciónate. Después de mucho cavilar y sentir la incapacidad de encontrarte un puesto podemos sentirnos contentos de haber encontrado uno. Nadie quiere ocuparlo y hemos pensado en ti. Asústate, decepciónate. Debes pensar que para una agencia como la nuestra encontrar un puesto adecuado al hombre sin puesto supone un motivo de celebración desbocada. Asústate, decepciónate. Así que tras valorar tus capacidades nos congratula anunciar que las pirañas esperan en el estanque. Salta.

Consejos para ser un buen titiritero

febrero 9, 2016

Para los malos momentos de la vida es mejor que sepas:

Si te dedicas a las comisiones y a las mordidas la fianza te sacará a la calle si algún día te pillan. En última instancia cabe la esperanza del indulto y de los contactos que hayas hecho. Pero nunca se te ocurra ejercitar el derecho a huelga, pues ahí te juegas condenas de cárcel con la crueldad añadida de sentirte inocente.

Lo mejor es que lleves traje, el traje hace que la policía, si va a detenerte, te trate con más respeto. Al traje hay que añadirle o riqueza o un carné del partido o nobleza, para lo cual hay inventadas leyes que aseguran el botín. Pero nunca se te ocurra vagar por la ciudad muerta con rastas en la cabeza o parecer una chica antisistema, pues te arriegas a que te torturen y construyan pruebas falsas.

También te aconsejo que evites en lo posible ser extranjero, pues te mirarán con desconfianza y estarás bajo la presunción constante de culpabilidad y en el peor de los casos vagando de un campo a otro o huyendo. EN cualquier caso si eres extranjero en algún momento es mejor ser extranjero de hotel y tarjeta oro de crédito. Debes saber que el séquito da distinción y perdona muchos asesinatos.

Eso sí, si lo que te apetece es prisión incondicional sin fianza lo mejor que puedes hacer es montar un teatrillo de cachiporra y equivocarte de público. Yo, personalmente, te aconsejo encarecidamente que sigas a nuestros referentes morales que pueden escribir sin pudor sobre púberes no contaminadas por el molesto olor a orina en artículos de opinión.

 

¡LIBERTAD TÍTERES DESDE ABAJO!

Ciutat Morta

Los ocho de airbus

2015: primer aniversario y compromiso por la cultura libre

enero 4, 2016

En 2015 Ediciones Dyskolo cumplió su primer año con el compromiso de seguir contribuyendo a fortalecer la cultura libre desde una perspectiva editorial. Como definimos al inicio de nuestro proyecto trabajamos por un modelo abierto, libre y participativo, que permita compartir y regalar nuestros ebooks, así como divulgar otras iniciativas que sean merecedoras de reconocimiento.

Durante el pasado año publicamos 8 ebooks: tres novelas, dos ensayos, dos relatos y un poemario. Comenzamos con un triple homenaje a tres grandes autores fallecidos: José Carlos Mariátegui, Ruth First y Armando López Salinas.

Del primero de ellos publicamos “La novela y la vida. Siegfried y el profesor Canella”, la única novela escrita por el político y ensayista peruano -uno de los pensadores de América Latina más influyentes del siglo XX-, y que no vio la luz hasta un cuarto de siglo después de su muerte. Para este libro contamos con la colaboración del académico Carlos Morales Falcón -poeta, narrador y estudioso de la obra de Mariátegui-, quien obsequió a los lectores con el prólogo de este libro. Una edición que acercamos a la fecha en que se conmemoró el 85 aniversario del fallecimiento del también conocido como Amauta.

El segundo de los homenajes estuvo dedicado a la activista sudafricana Ruth First, asesinada en Mozambique en 1982 por el régimen del apartheid. Su libro “117 Días” es un relato sobre las experiencias vividas por su autora durante su periodo de prisión en Sudáfrica durante la década de 1960. Pero el mérito de esta conmovedora crónica es doble, pues por primera vez se traducía al castellano un libro de Ruth First y además este debut lo hacíamos con “una obra maestra en su género”, según la calificó la Premio Nobel de Literatura Nadine Gordimer. Fue nuestra compañera, la traductora Silvia Arana, quien merece nuestro reconocimiento al traducir, contactar con las hijas de la autora y prologar la edición de Dyskolo. El libro fue publicado con motivo del 90 aniversario del nacimiento de Ruth First y para su presentación en la Librería de Mujeres de Santa Cruz de Tenerifecontamos también con una colaboradora de excepción, la militante ecofeminista Yayo Herrero, quien supo enhebrar la visión de una época temporal y socialmente lejana con los procesos de liberación actuales.

A López Salinas le debíamos un panegírico, un reconocimiento por su vida y por su obra, pues su fallecimiento ocurrió unos días antes de que oficialmente diéramos a conocer la editorial Dyskolo, en abril de 2014. Y aunque tardamos varios meses en localizar a sus hijos, conseguir un ejemplar de su novela “Año tras año” (que llegó desde París en su edición original de 1962), digitalizarlo y preparar una edición prologada por Luis Martín-Cabrera, finalmente pudimos tenerlo listo para presentarlo en el VII Festival de Literatura latinoamericana en Atenas (2015), junto a la profesora María José Martínez.

Tras el verano dimos paso a un libro de poemas, “El arsénico diario”, y a un autor novel, Emiliano Malagón “Zapa”, quien nos guió con su primer libro hacia un caudal de sentimientos y reflexiones fecundas, que prometen tener continuidad en un futuro. Esta edición contó con un prefacio del poeta Daniel Noya, donde entre otras cosas confesó su conmoción tras la lectura de los poemas pues como ya dijo la poeta de Amherst, “El Gigante no tolera al Mosquito”, al leer un libro de poesía debes sentir que tu cuerpo se hiela hasta el punto que no hay fuego que pueda calentarlo. Zapa, espíritu inquieto y observador, no dejó ahí su empeño y se trasladó hasta Zaragoza para presentar su poemario-ebook en el Centro Social Librería “La Pantera Rossa”.

Un ensayo completó la relación de títulos aparecidos en 2015. “Poder, protesta social y cambio institucional”, del sociólogo Antonio Antón Morón, fue publicado debido a la importancia de su análisis en un momento en que el panorama político español y la articulación del proceso de conflicto social y político se acercaban a una oportunidad histórica de un cambio político sustantivo.

También en octubre decidimos abrir una nueva colección de textos breves, a la que denominamos “Escuetos”, gracias al aporte del autor uruguayo Manuel Arduino Pavón y su relato “Otro cuento chino”, con el que inauguramos esta propuesta. A este ebook siguió otra joya de la literatura latinoamericana, “Por los tiempos de Clemente Colling”, del injustamente olvidado Felisberto Hernández, uno de los más grandes cuentistas que ha dado la literatura del siglo XX en castellano, rescatado por autores como Cortázar, Onetti o García Márquez.

Por último, Carme Carles Fèlix nos ofreció su primera novela, “Billete y medio”, con la que cerramos el trabajo del año. Carme nos introdujo con maestría en un universo muy cercano, palpable en las ciudades de la geografía española, y todo ello con las reglas básicas de un buen relato. Nuestra autora acababa de ser distinguida como finalista del 18º Premi Ciutat de Tarragona (TINET) de narrativa corta, un reconocimiento que vino a sumarse al que recibe de los lectores de su blog, donde publica regularmente sus relatos algunos de los cuales aparecieron en su anterior libro “Naúfragos en un fregadero”.

Pero el año nos dio para algo más que publicar y presentar libros, también tuvimos en junio una sesión del Club de Lectura del Instituto Cervantes de Atenas dedicada a la novela “El hoyo”, de Juan José Colomer Grau, y donde los participantes pudieron mantener una conversación con el autor por videoconferencia. Y acercamos nuestros ebooks al formato de papel, creando para ello lo que hemos denominado liblocs (cuadernos de notas con la portada del libro, datos de la edición y un código de descarga), destinados en un primer momento a nuestros suscriptores pero que ya los puedes encontrar en algunas librerías españolas como son la Librería de Mujeres de Santa Cruz de Tenerife, en Katakrak de Iruñea/Pamplona y en La Pantera Rossa de Zaragoza.

En definitiva, un año intenso y esperanzador que nos hace iniciar este 2016 con nuevos ánimos y nuevas propuestas que iremos descubriendo mes a mes.

FUENTE: http://dyskolo.tumblr.com/post/136551689231/2015-primer-aniversario-y-compromiso-por-la

Mr Rey

diciembre 26, 2015

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EN ESTAS NAVIDADES TURRÓN DE LIBERTAD

diciembre 16, 2015

EDICIONES DYSKOLO

NOVEDADES:

“Billete y medio”. Carme Carles Félix.

El arsénico diario [poesía], Emiliano Malagón "Zapa"

La suerte del robot

diciembre 13, 2015

La noche cae brumosa y los faros del coche alumbran la grisácea neblina que forma el horizonte limitado de lo que parece una carretera infinita. Apenas hay curvas y es fácil caer en el sopor. Se dirige a Gon. Creía que estaba cerca cuando alquiló el coche en la estación de tren y la chica de atención al cliente le dijo que estaba a cuatro gons de distancia. Cuatro es un número bajo si pensamos en una extensión infinita, se dijo. Así, arrancó el coche con optimismo mientras tomaba la flecha que señalaba el camino a Gon. Pero el tiempo en una carretera que transcurre en línea recta hace que todo devenga en párpados pesados y nebulosa duermevela. Entonces decide parar y tomar un poco de aire fresco. Empieza a cuestionarse la distancia de un gon. No recuerda haber visto ningún aviso de los gons que quedaban hasta Gon. NO recuerda ningún desvío que condujera a algún restaurante o gasolinera. Empieza a dudar de si ha adelantado a algún coche o se ha cruzado. Nada. Solo carretera y niebla. Entonces decide mirar el cuentakilómetros para establecer un punto desde el que mover el mundo. Benditos kilómetros. Benditos coches de importación. Mierda. Está estropeado. Cinco ceros que mienten después de… mira el reloj… unas cuatro horas conduciendo. Tampoco está seguro de la hora exacta en la que se puso en marcha. No obstante, decide subir al coche y antes de arrancar mira el reloj. Apenas media hora después se encuentra con una pancarta que advierte de que Gon queda a tres gons. Siente el optimismo de poder medir la distancia con el tiempo y establece la hipótesis de que un gon son unas cuatro horas y media a ciento veinte kilómetros por hora. No obstante, empieza a pensar que es mejor encontrar un sitio para pasar la noche. Pone la radio. Un locutor habla en un idioma que no tiene procesado. Apaga la radio. Mira el reloj. Dos horas conduciendo. Empieza a inquietarle que no haya desvíos para repostar o tomar algo caliente. Mira el depósito.  La chica de atención al cliente le dijo que le daban el coche con el depósito lleno y que debía entregarlo con el depósito lleno en la sucursal que la agencia tenía en Gon. Tres cuartos de depósito y tres horas y media de conducción desde el punto cero. Cree que se acerca a la pancarta que va a indicar dos gons hasta Gon, aunque empieza a pensar que lo mejor que le puede pasar es encontrar un lugar de descanso. Está preocupado. La neblina se mantiene estable. La carretera se mantiene estable. Decide subir la velocidad a ciento cuarenta por hora. Ganar tiempo. Acercarse a Gon. Quemar gasolina. Un cuarto en menos de dos horas. Eso no puede ser. De pronto se pregunta cuando puso el contador del tiempo a cero. Da un frenazo. Decide salir a echar un vistazo. Deja las luces encendidas y toma camino hacia la derecha. No hay senda pero el terreno es plano, salpicado de piedrecillas. De vez en cuando mira hacia atrás para no perder de vista la luz. Intenta realizar un cálculo de cuanto ha caminado. No mucho, ni siquiera un cero coma cero cero cero cero uno por ciento de un gon. La risa suena desesperada. Decide dar la vuelta. Sube al coche. No le queda otra que seguir hacia adelante. Se pregunta si estará pronto a amanecer. Quizás la claridad del día alumbre el desierto en el que se encuentra y el calor del Sol levante la niebla. Sube al coche pero no arranca. Cree que el amanecer se acerca. Decide esperar. Ha dejado la ventanilla abierta. NO hace frío. Enciende la radio para no sentir el silencio del paisaje. Ahora es una voz femenina, que sigue hablando en el idioma que no tiene procesado. Si al menos hubiera música; no obstante, parece que solo dan noticias. Intenta cambiar de emisora pero se topa una y otra vez con la voz femenina. Apaga la radio. La monotonía de la locutora le ha llevado a cierto punto de exasperación. ¿Y si se desconecta por dos horas? Sabe que no va a poder dormir. Lo mejor ahora es que el amanecer le coja con algunas ¿centésimas o milésimas? de gons adelantados.  Arranca. Pone la radio a pesar de que no tiene el idioma procesado, ya que al menos da efecto de compañía. Nunca ha conocido una carretera tan desierta como ésta. Es una región pobre, piensa, aunque la calidad del asfalto parece contradecirlo. De pronto cree entender alguna palabra de la locutora, aunque no sabría decir qué exactamente. Pone atención. No escucha nada que no haya procesado. Sin embargo, puede decir que la voz sigue unas pautas silábicas que realzan la monotonía y que parecen rechazar las acentuaciones fuertes. Así, lentamente, mientras intenta descifrar sin resultado el gonés, despunta el día y el Sol empieza a calentar la tierra, disipando la niebla hasta el momento en que encuentra la señal que indica que queda un gon para Gon. Lo mejor de todo es que puede ver la ciudad, la línea de rascacielos que queda emborronada por una distancia que calcula que son dos o tres horas o si le mete gas al coche en hora y media. Cuando ha visto la silueta de Gon ha llegado la tranquilidad, pero también las ganas de encontrarse con alguien con voz y cuerpo. Sin embargo, no parece que en el camino haya algún sitio donde pueda repostar. Todo plano. Línea recta. Sin obstáculos. Mira el marcador del depósito. Un cuarto. No duda de que será más que suficiente. Sin embargo, después de una hora más o menos conduciendo empieza a darse cuenta de que la línea de rascacielos no se vuelve más cercana y se mantiene estable en su imagen. Descarta de inmediato que la ciudad se traslada a la misma velocidad que él. Lo que más le preocupa es que queda un octavo de depósito. Quizás la impresión de la distancia estaba erróneamente calculada por la percepción. El depósito se agota en la siguiente media hora. No tiene esperanza de cruzarse con nadie. Solo le quedan dos opciones: o seguir caminando o quedarse sentado en el coche. No tiene esperanza de alcanzar Gon en las siguientes cinco horas. La energía se acaba. El indicador rojo de alerta empieza a parpadear. Primero de manera espaciada, después con mayor frecuencia hasta que se queda encendido. Súbitamente lo da todo por perdido.

Muérdete la lengua

agosto 17, 2015

Un porrito y a dormir, piensa. O quizás una película mala, de zombis, barata, que ayude a cerrar los ojos. O quizás preparar algo de comer, una pizza margarita congelada, canelones boloñesa congelados o un filete barato pero en buen estado de ternera. La indecisión aumenta con las caladas. Cierto que los ojos ya se están entrecerrando, que el objetivo es dormir; pero cree que lo conseguirá con mayor confort si apaga las luces y enciende la pantalla o con el estómago lleno. Lo que más pereza le da es cocinar, pero sabe que el estómago no tardará en reclamar y se desvelará. SI tuviera la suerte de dormirse antes de que ocurra sería lo perfecto, pues se ahorraría el trabajo y adelgazaría un poco, jeje. Pero antes de que pueda decidir nada, cuando el estómago empieza a emitir las primeras señales y parece inevitable abrir la nevera, llaman a la puerta. Huele a porro. No quiere abrir, pero insisten con el botoncillo. Se asoma a la mirilla. Es un hombre, calvo, con una camisa blanca, pantalones de pinza negros. Parecería un camarero de no ser por la bolsa que lleva, cuya correa parte en diagonal el pecho. Vuelve a llamar y dice en voz alta que es la policía. Mierda. Huele a porro. Se pregunta si los vapores se cuelan por la ranura de la puerta. El tío insiste. Mierda. Sé que está ahí. Sin orden de registro no está obligado a dejarle pasar. Además, el porrito lo ha fumado en su casa, de forma privada. Antes de que dé otro timbrazo abre. Hubiera querido cortar el paso del policía pero este se cuela sin problemas. Experiencia. Una vez dentro hace gestos de oler mientras le muestra la placa. Mierda. Le pide que salga a la entrada, que no le ha dado permiso para entrar; y que si tiene orden de registro que la muestre y que si no la tiene que salga. El policía se sonríe. ¿Orden de registro de quién? Del juez. El policía se sonríe. ¿Qué juez? El juez competente. Después el policía le suelta una bofetada. ¿Has visto por aquí un juez?, pregunta el policía mientras le muestra la palma de la mano, la cual hace a la vez de orden de registro que no va a hacer efectiva dado el aroma a cáñamo. Solo pasaba por aquí y me he dicho: ¿por qué no pararme en esta puerta y soltar una bofetada al afortunado?

El pueblo rebelde

julio 10, 2015

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Solidaridad con Grecia

julio 3, 2015

oxi

La tela de araña

julio 3, 2015

Antes de ir a dormir se da cuenta de que en el techo, justo encima de la parte de almohada en la que duerme normalmente, pende el hilo de una araña. Piensa en matarla, pues teme que mientras sueña, con la boca abierta por los ronquidos, el hilo se rompa y se atragante con la araña o lo que es peor, le dé un picotazo en la garganta. Sin embargo, cuando se pone de pie sobre el colchón, con el pañuelo de papel en la mano para aplastarla, se da cuenta de que no alcanza. Piensa en ir a por el aspirador y tragarla, pero al cabo la pereza le vence, pues tiene que ir al trastero, recoger la máquina, sacar el cable, enchufar, apuntar y tragar, recoger el cabe, ir al trastero, dejar la máquina y volver a la habitación. Reconoce que el hilo parece frágil aunque en realidad son muy resistentes. Así, cree que una noche podrá soportar a la araña y se conmina a succionarla al día siguiente.

Con las prisas porque llega tarde al trabajo se olvida de la araña y cuando vuelve a la tarde está demasiado cansado y preocupado por tomarse una ducha y preparar la cena mientras ve la televisión. Solo cuando va a la habitación y la ve recuerda que se había dispuesto a acabar con ella. La observa. Parece que nada ha cambiado. El hilo no es más largo ni más corto. Se pregunta si habrá cazado algo. No parece. También se pregunta si ese es el mejor sitio para que una araña atrape a los bichitos. No parece una araña gorda. Movido por la curiosidad la deja vivir una noche más. Eso sí, esta vez decide dormir en la otra parte de la almohada por si el hilo se rompe.

Como siempre, se ha quedado dormido y las prisas por no llegar tarde al trabajo le impiden descubrir que la araña no está. Tampoco percibe el picorcillo en el odio, en la parte más profunda del canal auditivo, picorcillo que surge de un leve rascar. Rac rac. Que no lo perciba no impide que de vez en cuando, ya en el tranvía, mientras lee el periódico gratuito, el cuerpo reaccione e introduzca el dedo meñique en la oreja. Saca algo de cera, que deja pegada en las páginas del periódico, nada más. El picorcillo, el rac rac, podría calificarse como placentero si fuera consciente de que existe, pero está tan atareado que no se deja atrapar por el gusto. Tampoco en la pausa del mediodía repara y solo lo hará después de llegar a casa, de ducharse y comer, cambiar de canal, sentir que el sueño vence e ir a la habitación. Entonces tomará conciencia de que la araña no está.

No sería justo hablar de pánico, pero va al baño en busca de un bastoncillo. Hurga. Mete. Saca. Solo cera. Pero sigue escuchando el rac rac. La pregunta por la higiene no le permite tomar conciencia de que hay un pequeño placer en el picorcillo. Decide entonces taparse la nariz y cerrar la boca y espirar con fuerza. Nada. Entonces piensa que es una estupidez creer que la araña se ha colado por el pabellón auditivo. Allí dentro no hay posibilidad de montar una tela y esperar que lleguen las moscas y los mosquitos. El rac rac debe de ser otra cosa, quizás un pelo que se ha ido hacia dentro y se mueve cada vez que menea la mandíbula. Entonces tiene la idea de cazar él mismo un mosquito y acercarlo a la oreja. Quizás, ante la manca de alimentos en la cueva auditiva, si hay araña ésta se decida a salir a por el pan. Lo hace frente al espejo, en una posición incómoda, para ver. Después deja el cadáver del mosquito en la cavidad y espera.

 

Es invierno y los bichitos se han terminado. La falta de experiencia en el cuidado de arañas no le hizo prever que necesitaba almacenar alimentos para cuando llegara el frío. La araña lleva tres días sin comer. Hay que decir que a medida que ha ido alimentándola el picorcillo se ha convertido en picor y con ello el placer que siente con el rac rac, sobre el que se concentra una vez ha terminado de trabajar y se acuesta en el sofá. Ya no puede imaginar su vida sin sumergirse en el rac rac, el cual se extiende por todo el cuerpo y lo atrapa en un orgasmo continuado. Después se duerme. Pero tres días sin comer han disminuido la potencia del rac rac, el cual ahora resulta insatisfactorio. Quiere una araña grande, sana, no raquítica. Una araña que rasque la orejita con potencia. Una vez preparada la cena se pregunta si puede ir a una tienda para animales. Allí venden bichitos y puede ser una solución eficaz. Pero eso será mañana y tiene que encontrar una solución inmediata. No puede tolerar que la araña esté una cuarta noche sin comer. Prepara la cena. Después de dar el primer bocado al filete de cerdo a la plancha que se ha preparado decide cortar un trocito pequeño y posarlo en la entrada del oído. Espera. Entonces siente como asoman las patitas.

Al principio la carne a la noche pareció funcionar y creyó que la araña volvía a tomar brío. Pero esto no fue más que un espejismo, pues al cabo de dos o tres días notó una caída de peso en la araña y ahora el rac rac vuelve a ofrecer un placer insuficiente, en el cual apenas puede sumergirse y dejarse llevar para así alcanzar la línea continua del nervio excitado y relajado. También ha probado con los bichitos de la tienda de animales. Pero nada. Después de reflexionar mucho entiende que lo que la araña necesita es alimento cazado. Esto parece probarlo los días de verano, cuando les quitaba las alas a los mosquitos y la misma araña daba el estoque final. Esos meses fueron los meses de mayor disfrute, donde sentía jolgorio por llegar a casa y por fin dejarse atrapar por el rac rac. Se lamenta de que no haya bichitos que cazar. Sin embargo, que la araña se mostrara receptiva a la carne le hace pensar que bien pudiera hacerse con una paloma de parque y ofrecerla a la compañera.

Las palomas del parque funcionan bien durante un tiempo y puede decir que ha disfrutado de un placer mejorado con respecto a los mosquitos del verano. Sin embargo, parece que la araña se ha cansado de la paloma y el rac rac vuelve menguar. Es cierto que siguen asomando las patitas cuando él acaba con las palomas en casa y corta el trocito de carne. Pero no nota la ilusión de los primeros días y parece que todo se ha convertido en rutina. Cierto que el espectáculo de la sangre puede resultar atractivo para un cazador, piensa. Pero con el tiempo el cazador quiere probar sus cualidades, disparar sus armas, utilizar sus triquiñuelas. La pregunta surge donde puede conseguir carne que la propia araña pueda cazar, al tener en cuenta de que se trata de una araña pequeñita cuya tela no va a poder atrapar cuerpos vertebrados.

Ha resultado un poco más complicado de lo esperado, pero al final el yonki que ha elegido como presa yace en el sofá, inconsciente. Se asegura de que todavía respira, de lo contrario todo resultaría vano. Entonces acerca la cabeza al cuerpo y da unos golpecitos en el lóbulo de la oreja. Las patitas asoman y a tientas buscan el trocito de carne diario al que está habituada. Asoma la cabeza cuando descubre que no hay carne. Después se lanza sobre el cuerpo, como si hubiera comprendido de inmediato. Hermosa araña negra, piensa. Entonces recorre con velocidad el tronco y sin apenas advertirlo se cuela por la boca. Al cabo de unos minutos el yonki parece que se ahoga y se lleva las manos al cuello. Tras varias arcadas y un poco de espuma blanca, muere. Piensa que la hermosa araña negra puede ella misma arrancar los trocitos de carne, saborear mientras los desgaja. Mientras espera que se sacie, reconoce que el yonki era un experimento y que deberá mejorar la calidad de la carne, centrarse en presas más jóvenes y saludables. Sin embargo,  es un primer paso exitoso y que da con la llave de la felicidad, ya que después se devela un rac rac alegre, poderoso, sagrado, que con paciencia le guía por diferentes estados extáticos que le transforman y le hacen tomar conciencia de ser la tela de la hermosa araña negra.

Yo no creo en fronteras

abril 20, 2015

LA BAMBA REBELDE

TRABAJADOR TRABAJADORA